sábado, 17 de julio de 2010

2ª CARTA ABIERTA AL COMANDANTE DE LAS FARC










Señor Cano: En nuestra primera carta abierta que no sabemos si leyó, le decíamos entre otras cosas:

“Hoy, con seguridad Usted es ya otro rehén de su pasado, de su discurso del que ya no sabe como desdecirse, del gusto por el poder que es como una droga y de otras mil cosas que por no saber no sabemos pero, de las que algunas veces Usted piensa en deshacerse para vivir una vida más coherente y más ajustada a su verdadera creencia y a su forma más clara de ver hoy la vida.”

Hoy, aunque seguimos pensando lo mismo, creemos que Usted, además de ser rehén de su pasado, es un rehén de sus subalternos, algunos de los cuales no se asumen como tales sino, muy al contrario, se creen o se saben sus jefes o sus dueños. ¿De qué otra forma puede explicarse que, mientras Jorge Suarez Briceño o Monojojoy como gusta de hacerse llamar, se mueve con libertad de un lugar a otro, tiene atención de médicos para su deteriorada salud y dispone de casi todas las comodidades y hasta de viajes frecuentes a Venezuela, Usted tiene que huir del feroz acoso del Ejército Colombiano en el Cañón de las Hermosas y pasa grandes apuros sin que sus “subalternos” hagan gran cosa para ayudarlo? ¿Recuerda Usted Señor Cano la actitud desafiante y hasta insultante del Monojojoy cuando se reunía con Usted en presencia de su comandante Marulanda Velez y las muchas veces que lo descalificó a Usted por ser un “intelectualoide revisionista”? ¿Cómo se explica, Señor Cano, que mientras Timoleon Jiménez Timochenko, Iván Márquez y Rodrigo Granda viven en casas o haciendas de lujo en Venezuela con la protección del régimen, Usted deba llevar todo el peso de la guerra?
Las respuestas a estos interrogantes son, a nuestro juicio, que ellos, como Usted lo sabe desde hace mucho tiempo, han dejado de ser o nunca han sido unos soñadores revolucionarios como Usted. Ellos, y esto Usted siempre lo supo, son un hatajo de bandidos que encontraron en las FARC una banda de maleantes con fachada de buenas intenciones que les permitió y les sigue permitiendo robar, asesinar, traficar armas y drogas, violar mujeres, enriquecerse hasta la nausea, servirse de periodistas imbéciles o comprados para mostrarse como falsos héroes y medrar bajo el amparo de algún sátrapa desquiciado mientras algún “idiota útil” quema su imagen y le pone el pecho a las balas.
Ellos saben que todos los de esa pandilla carecen de prestigio y que ante los ojos del mundo son lo que son, es decir, unos delincuentes que han optado por el terrorismo político para ocultar su verdadera condición de narcotraficantes. Saben que el único de las FARC con imagen de intelectual y con posibilidades de hacerse un poco creíble para las izquierdas aleladas del mundo que aun creen en la sinceridad de la guerrilla es Usted. Esa fue la razón por la que esos bandidos que siempre se mostraron poco simpatizantes de Usted lo aceptaron como su “jefe”.

Como lo han comentado ellos ante propios y extraños, cuando el Ejército Colombiano ha ido eliminando o apresando uno por uno a los grandes jefes (Raúl Reyes, Negro Acacio, Iván Ríos, Karina, Simón Trinidad, Martín Sombra, Martín Caballero etc., etc.), no es un buen tiempo para permanecer en Colombia y conviene un “jefe desechable” que mantenga la vigencia de su parapeto (las FARC) mientras ellos esperan a que amaine la tormenta para regresar a seguir su pantomima de “revolución” que les sirve para su verdadero fin, el tráfico de drogas y el enriquecimiento criminal.

Usted Señor Cano, sabe bien ya hace mucho tiempo, desde que la madurez se instaló en su juicio y dejó fuera los sueños adolescentes que suelen durar más de lo conveniente, a veces hasta cuando ya lo han hecho a uno rehén de sus consecuencias, sabe decimos, que:

1. Los cambios en las sociedades no se logran por medio de las armas como decían algunos “ideólogos” resentidos o penosamente confundidos en los años 60. Esa es una mentira difundida por alucinados y creída por masas sin mucho seso. Las armas sólo siembran destrucción y odio, enemigos naturales de cualquier cambio benéfico.

2. Las FARC de hoy son una banda de malhechores que ha perdido su ideología política y sólo sobrevive porque sus verdaderos jefes - grupo en el que no está Usted – la usan como su mampara para sembrar, procesar y traficar cocaína por las rutas que el vecino esquizoide les facilita mientras los protege.

Sabe Usted esto como también sabe que, a pesar de que para esos bandidos Usted no es en realidad el que manda, ante el mundo, Usted es el Jefe del Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC y que lo que Usted diga, mal que les pese a sus “subalternos”, será tomado como pronunciamiento oficial de las FARC. Sabe también dónde están todas las piezas clave y puede por lo mismo informar con certeza. Si Usted dice que las FARC desisten de su “lucha revolucionaria”, tenga la certeza que la inmensa mayoría de la tropa rasa –gran parte de ellos reclutados contra su voluntad y otros cansados de esa farsa - lo seguirá. Los “jefes”, desde luego van a gritar que Usted los traicionó pero serán gritos sin audiencia porque, a pesar de sus grandes fortunas, sin la careta de la guerrilla, serán unos delincuentes más, perseguidos y seguramente capturados y procesados como lo que son.

Piénselo Señor Cano. Usted puede darle a su país este precioso regalo en su aniversario 200, este sí de verdadera libertad e independencia, liberándolo de ese costoso mal que son las FARC. Piense en cuánto dinero que podría ir a gastos sociales para mejorar las condiciones de vida de muchos colombianos debe gastarse en mantener los Ejércitos de Tierra y Aire para combatirla. Sólo esa ya sería una verdadera ayuda a los necesitados de su país que Usted -no sus “subalternos”- quiere beneficiar.

¡Libérese Señor Cano y libere a los guerrilleros rasos que ansían su libertad; libere al pueblo colombiano de esa pesadilla que es la guerrilla de las FARC y permita que las autoridades pongan la mano encima de esos diabólicos seres que, protegidos y aupados por otros de su misma catadura, parecen haber nacido solo para estercolar la tierra!.

sábado, 12 de junio de 2010

LA GLORIA



La noche anterior Josema no pudo conseguir el sueño reparador que necesitaba a pesar de encontrarse relajado y en buena forma física. Sin embargo, esta mañana al despertar se encontró tan descansado como si hubiese dormido de maravilla. Pensó que todo iría bien y empezó su día con el optimismo que siempre tuvo y que, por demostrarlo a veces a contrapelo de las circunstancias, hacía que algunos conocidos lo tuviesen como un poco despistado.

El caso es que hoy es un día muy especial para él porque está viviendo un sueño. Después de años de buscar jugar en la Selección Nacional, soñarlo y trabajar para ello; ahora mismo, justo veinte minutos antes de finalizar el partido en que España se juega la final del mundial y cuando aún no se ha marcado ningún gol, el Técnico de la Selección lo ha llamado para que salga del banquillo de suplentes y entre a jugar. A Josema se le ha cumplido la ilusión de su vida. Una vez en el campo, mientras juega con más que el corazón, recuerda su infancia en Olmedo cuando jugaba con los chavales de su barrio soñando con llegar a ser fichado por uno de los grandes clubes para mostrarle a todo el mundo su velocidad. Recuerda cuando, al hablar con los adultos de sus ilusiones, algunos sonreían y otros como su padre comentaban que, a pesar de ser un chico bastante listo y sereno, “en la serenidad y en la razón anida la locura con más frecuencia que en el desvarío”, como luego lo diría tan lindamente Juan José Millás.

Conque casi todo el mundo lo consideraba algo pirado pero un buen chaval. De eso ya hacía mucho tiempo como también han pasado los años desde cuando llegó con su familia a Madrid a vivir a la calle de Luis Cabrera siendo él todavía un niño. Y ahora, pensaba Josema, heme aquí, en este inmenso estadio con tantas luces, con cien mil personas presentes pendientes de mis jugadas, con la televisión de todo el mundo dejándole ver a millones cómo juego, cómo le gano en velocidad al más pintado, cómo estoy en la esperanza de todos para que al fin España tenga la Copa Mundial de la FIFA que tanto hemos deseado y que ahora nos merecemos. Siente la camiseta pegada a su cuerpo por el sudor, siente la emoción de cada jugada, siente como si jugara en medio de un sueño. En eso, cuando ya falta solo un minuto para terminar este partido que sigue empatado a cero goles, casi sin haberse percatado del todo, ve que se encuentra solo a seis metros del área de gol y le ha llegado el balón a sus pies. Un defensa contrario corre hacia él para quitárselo pero Josema logra esquivarlo y ya frente a la portería chuta con el alma. Ve el balón volar casi a cámara lenta haciendo un arco increíble, ve al portero lanzarse inútilmente a tratar de atajarlo y finalmente ve al balón golpear la red interna. Escucha un estallido atronador de gritos, ve a sus compañeros correr hacia él para abrazarlo; siente su corazón saliendo de su pecho y piensa que es el mejor momento de su vida.

En segundos termina el partido y después de las celebraciones informales, Josema sube con sus compañeros a la tribuna para la ceremonia formal de la entrega la Copa FIFA que recibirá él de Joseph Blatter. Oye cómo la gente aclama a los campeones; pasea la vista por todo el estadio y con todos los músculos en tensión recibe y levanta la Copa; cierra los ojos y piensa que con seguridad los altavoces pronunciarán su nombre como el jugador que le dio a España el campeonato mundial. Esboza una gran sonrisa y espera con paciencia.

Efectivamente, casi de inmediato se empieza a oír por los altavoces del vagón del Metro en el que viaja, una voz femenina que dice: “Próxima estación: Plaza de Castilla”.

El Metro va disminuyendo velocidad y finalmente detiene la marcha, abre sus puertas y Josema sale empujado por la gente que empieza a caminar de prisa por los pasillos buscando las salidas. Todavía un poco dentro de su ensueño mira a la gente y piensa para sí: “Míralos qué poco saben agradecer. Les he dado la gloria y no me hacen ni puñetero caso ¡Así es la vida!”

lunes, 7 de junio de 2010

¿FLOTILLAS DE LA LIBERTAD?



Supongamos que un grupo de personas de buen corazón decide auxiliar a un pueblo que, para su desgracia, ha sido agredido y aislado por otro más poderoso y que debido a esa agresión padece necesidades que deben ser suplidas. Supongamos también que ese grupo de buenas personas reúne una buena cantidad de alimentos, ropa, medicamentos y artículos de primera necesidad que ese pueblo desvalido precisa con urgencia. Embarcan todo ello en una nave facilitada por un país solidario y parten exultantes a favorecer a los necesitados. Después de días de navegación, reciben mensajes por radio del país “agresor” quien les previene que, puesto que desde hace tiempo ha establecido –algo que ellos conocen- un bloqueo por mar al pueblo “agredido”, al llegar con su carga de ayuda humanitaria a una distancia determinada de la costa, deberán permitir a las autoridades revisar el contenido de la misma y entregarla a dichas autoridades quienes se encargarán de hacerla llegar a sus beneficiarios.
Puesto que eso ya se ha hecho con muchas otras naves y siempre se han entregado los contenidos a sus destinatarios sin que haya una sola queja, es de suponer que este grupo de benefactores no tendrá ningún problema en someterse a las reglas que de momento rigen.
Volvamos a suponer que, por esta vez, los altruistas, por el camino han decidido que en este viaje no se someterán a la revisión ni entregarán nada porque, ahora ya no es su interés primario ayudar a los desvalidos sino “romper el bloqueo”, es decir, han dejado de ser “activistas por la paz” para convertirse como por ensalmo en “activistas por la guerra” porque han acordado intentar obligar a un Estado a que cambie sus decisiones que, con razón o sin ella ha tomado para proteger lo que considera su seguridad nacional.
Es de creer que los “activistas por la paz” saben que si un Estado pretendiese hacer lo que ellos se disponen a hacer, ello equivaldría a un clarísimo acto de guerra con las consecuencias lógicas. Por tanto, si no son imbéciles, con seguridad no soñarán con que, por ser ellos, les van a dejar pasar con una venia. Conocerán con claridad que, al llegar a la línea de bloqueo han de someterse a las autoridades y que no deberán acudir a la agresividad violenta porque, de hacerlo, tendrán que afrontar consecuencias dolorosas buscadas y provocadas por ellos mismos.

Como todo el anterior supuesto asume que el grupo de "activistas por la paz" está compuesto por buenas personas de buenas intenciones y no de intonsos agresivos, ni de idiotas utilizados por terceros para favorecer fines ocultos, esas consecuencias dolorosas no se darán.

Sin embargo, por absurdo que parezca, acaba de ocurrir en el Mediterráneo donde, un barco turco, el MAVI MARMARA transportando un grupo internacional de “activistas por la paz”, a pesar de las repetidas advertencias intentó atravesar la línea de bloqueo impuesto por Israel y, cuando los efectivos de la Armada de ese país abordaron el barco, los “activistas” ya en plan de guerra, agredieron a los soldados con todo elemento que encontraron a la mano provocando que se produzca el resultado trágico, pero lógico en estas circunstancias absurdas promovidas y provocadas por estos “humanitarios activistas de la guerra”, que ya no de la paz.

El periódico digital REPORTERO HONESTO se refiere a ellos en los siguientes términos:
“Las organizaciones y los pasajeros detrás de la flotilla de Gaza han sido descritos como "activistas por la paz" y "organizaciones humanitarias". Esto no podría estar más lejos de la verdad. El objetivo principal de esta flotilla no era el de ingresar paquetes de ayuda a Gaza, sino el de difundir propaganda anti-Israel en colaboración con los gobernantes de Hamás y Gaza.

Jugando un papel central en la flotilla estaba la organización IHH turca, que además de sus actividades filantrópicas legítimas es también, según el Centro de Información de Inteligencia y Terrorismo, un partidario de redes radicales islamistas, incluyendo a Hamás, y por lo menos en el pasado, elementos globales de la Jihad”


Sin embargo de las muy claras evidencias de que este trágico acontecimiento es el resultado de la manipulación que sufre la masa poco reflexiva, una gran mayoría de la prensa internacional que parece haber caído en manos de gente perversa se obstina en señalar a Israel como un agresor prepotente que acosa al pueblo palestino y “masacra a activistas por la paz”.
Esta prensa parece empeñarse en ignorar que desde la Franja de Gaza, los “activistas” de Hamás lanzan a diario, indiscriminadamente y sin ninguna provocación innumerables misiles Katiuska sobre el territorio de Israel sembrando el terror y la incertidumbre en su población inocente.
Nunca esa prensa se pregunta de dónde salen los materiales metálicos y explosivos para fabricar los miles de Katiuskas si en la Franja de Gaza no se producen y no pueden llegarles porque el bloqueo se lo impide. Si lo hicieran, seguramente concluirían que les llegan por medio de esas “misiones humanitarias” que lograban - porque seguramente ya no lo lograrán- entregar sus cargas. Desde luego, también se sabe que los de Hamás se proveen a través de los túneles que logran construir con los materiales traídos por los “activistas por la paz”.

Se habrá preguntado alguna vez esa prensa internacional y la gran masa que se cree enterada porque se nutre de ella, ¿cuál es el origen del odio palestino contra Israel o si de verdad existe ese odio? ¿Saben acaso que Palestina nunca existió como Estado porque, hace más de 25 siglos, los palestinos de hoy eran los filisteos, guerreros invasores llegados de las islas griegas que se asentaron en tierras de Israel y que entre guerra y guerra permanecieron hasta la llegada de los romanos quienes, para humillar al orgulloso pueblo hebreo, dio en llamar al país Philistine (Palestina) pero, que ese nombre fue solo un apodo porque siempre fue Israel y Judea?.
Esa prensa que posa de saberlo todo, si se preocupase por saber lo que dice que sabe, sabría que, con el correr de los siglos los philistines o palestinos dejaron de serlo para ser unos hebreos más y que solo con la llegada de Mahoma en el siglo VII, aquellos que se había asimilado más a la cultura árabe que a la hebrea empezaron a seguir el camino del odio sectario que los arrastró a guerras y masacres. Sabrían estos periodistas que, sin embargo, finalmente esos malos momentos también pasaron porque prevaleció el espíritu conciliador de los pueblos mediterráneos y que en esos territorios se siguió viviendo en fraternidad.
Sabrían que el pueblo hebreo, a pesar de ser migrante por excelencia, nunca abandonó del todo su Canaán y que, cuando después de ser perseguido y masacrado como ningún otro pueblo lo ha sido nunca en la historia de la humanidad, volvió a ocupar su territorio, lo hizo con al ánimo constructivo, laborioso y emprendedor que ha aprendido en su largo trasegar por el mundo, lo que le permitió crear un país próspero, civilizado, científico y, si se quiere rico en un territorio considerado un trozo de desierto. Si de verdad investigase y estudiase, sabría esta prensa y sus seguidores que todo lo saben sin saber nada, que fue entonces cuando los poderes oscuros del mundo empezaron a ver a Israel como una amenaza para ellos y - como siempre obrando por mano ajena- empezaron a sembrar la cizaña del odio contra los hebreos entre los árabes y los palestinos con la historia de que les habían quitado su territorio cuando, en realidad este siempre fue el territorio de los hebreos, pueblo al que los palestinos se habrían asimilado totalmente como habitantes del nuevo Estado. Solo la intriga de los negociantes de la muerte (traficantes de armas entre los más importantes) fue y ha sido la que ha logrado que ellos, los palestinos, vuelvan a entonar esos versos satánicos de:

“Intifada, Intifada, Intifada, Intifada! Khaybar, Khaybar, oh Judíos! ¡El ejército de Mahoma volverá!" en relación con la masacre de judíos del siglo VII en Khaybar por los mahometanos iníciales.

A pesar de que el origen de toda esta historia reciente de enfrentamientos trágicos entre judíos y palestinos se puede llegar a entender y superar; conociendo como conocemos la superficialidad de los informadores y la liviandad de la masa que los lee o escucha, creemos que es mucho pedir que la prensa internacional y sus seguidores se pregunten si hay una verdad que se puede entender cuando se lee y se investiga suficientemente. Es mucho pedir que se intente entender que hay demasiadas mentiras difundidas entre la masa ignara por los mercaderes de la muerte; resulta difícil lograr que la prensa y la masa entienda que los palestinos y los hebreos quieren y pueden vivir en paz juntos porque así lo han hecho por milenios. Que para ello solo necesitan que no haya tantos “activistas por la paz” que se convierten en cajas de resonancia de los estribillos de odio que quieren y necesitan los interesados en una guerra perenne para mantener andando sus fábricas de muerte. El marketing de ellos, de los fabricantes de la muerte es el odio y este prolifera cuando se riega algunas semillas entre esos cándidos nefastos que gustan de mostrarse ante el mundo como "luchadores por los necesitados".

¡Eso sí!, nos preguntamos si Europa podría sobrevivir sin esos pintorescos personajes ataviados con chilabas pro-palestinas que salen a orear su cogorza con cartelones de consignas sobre cosas que ignoran pero que los mantiene “vigentes” como recuerdos de la decadencia del siglo pasado y que, a una buena mayoría de ellos les permite vivir de las subvenciones que les dan las ONG para continuar su vida de molicie disfrazada de humanismo.

sábado, 15 de mayo de 2010

COLOMBIA ANTE LA INCERTIDUMBRE




Casi al final del gobierno de Álvaro URIBE, quien ha ejercido su Presidencia de ocho años como una gerencia vigorosa, eficaz e inteligente que ha cambiado sustancialmente la vida de los habitantes de Colombia; por estas fechas este hermoso país se enfrenta a la decisión de elegir su nuevo presidente. Entre los candidatos que se disputan el favor de los electores, en realidad hay solo dos que tienen una clara opción de ganar:

Juan Manuel SANTOS, ex ministro de defensa del gobierno que termina, quien, además de innegables logros en su gestión y su promesa de continuar la obra de gobierno de URIBE, es conocido por su exagerado pragmatismo político que lo ha llevado a ser identificado como una persona sin convicciones confiables, capaz de apostar cualquier cosa al logro de sus objetivos. Otra de sus características más visibles es la de haber participado en anteriores gobiernos no tan eficaces ni comprometidos con el genuino desarrollo del país y en los que permaneció por su obsesiva vocación por el poder. En sus presentaciones públicas, su febril búsqueda de las palabras que expresen sus conceptos llega a ser tan dramática que hace pensar que su discurrir mental no es tan elaborado ni tan ágil como el que se espera de un Jefe de Estado. El programa de su eventual gobierno es, con perdón de los santistas, una repetición de los programas presentados por algunos candidatos europeos hace décadas, en los que promete “uncir el tren del país a la locomotora de la industria para crear empleo y bienestar”. Nunca ha dicho cómo la va a lograr. Se limita a repetir frases que resultan promotoras de optimismo fácil, pero que no dan una respuesta coherente a quienes nos preguntamos cómo se ha de progresar en la solución de los enormes y muy antiguos problemas de inequidad social, desempleo, miseria, insalubridad, educación insuficiente y de mala calidad.
Quizá la única respuesta sólida que SANTOS ofrece es la continuación de la política de Seguridad Democrática, nombre que le dio el Presidente URIBE a su exitosa campaña militar con la que tiene a las FARC prácticamente sin ningún apoyo popular ni internacional, diezmadas, desprestigiadas y casi al borde de su desaparición.
Por lo demás, parecería que SANTOS solo expresa su largo deseo de ser presidente, y por el tono que usa, casi les exige a sus compatriotas para que lo voten porque “él ha abrigado este deseo con vehemencia y ha trabajado para ello.” Esto, desde luego, solo le favorece a él y los votantes han de preguntarse: ¿Cómo nos favorecerá su eventual presidencia?
Si puede verse, por lo que se ha visto hasta hoy, algo positivo en la aspiración de SANTOS es que, probablemente - eso esperan los colombianos que lo votarán- el presidente URIBE será su mentor. Eso le daría a su presidencia un vigor que favorecería su gestión. Sin embargo, esa es una suposición que no puede confirmarse porque, quienes conocen a SANTOS dicen que su vocación por el poder y su personalismo evitarían la injerencia de ninguna persona.

El otro candidato con opciones es el ex alcalde de Bogotá Antanas MOCKUS quien saltó a la fama nacional por haber mostrado el culo ante los estudiantes de la Universidad Nacional en la que, por ese entonces era Rector. Ese hecho insólito hizo de MOCKUS un personaje adorado por los colombianos quienes, en sus evaluaciones de la gente que ha de dirigirlos, suelen caer en un tropicalismo que a fuer de ligero llega a ser peligroso.
Antanas tampoco llega a dar una clara idea de su programa de gobierno. Muy al contrario, su discurso basado en frases efectistas y en slogans de manifestación estudiantil de los años sesenta suele dejar el triste sabor de las baladas de esa época, dulzarronas pero vacías.
Goza de un aureola de hombre honesto y nadie ha podido demostrar que no lo es, aunque tampoco él nunca se ha ocupado de desmentir que, durante su alcaldía de Bogotá reasfaltó un larguísimo trayecto de la Carrera 7ª (una de las más importantes calles de la ciudad) con una empresa mexicana que lo hizo con tan mala calidad que la vía estaba inservible a menos de un par de meses de terminada. Suelen decir los malquerientes de MOCKUS que en ese negocio hubo corrupción. Suelen hablar de otros casos parecidos pero, nadie se ha ocupado a fondo de demostrarlos por lo que puede pensarse que son falsos o que, como se piensa tan frecuentemente en Colombia sobre el pasado de sus dirigentes: “agua pasada no mueve molino”.
Preocupa, eso sí, que MOCKUS cae con lamentable frecuencia en contradicciones o afirmaciones temerarias que luego debe rectificar. Eso se lo perdonan los colombianos con facilidad porque afirman que eso demuestra que él es “muy humano”. También es calificado como un hombre con grandes dotes de estadista por manejar un discurso profesoral que seduce a sus oyentes del patio de butacas. Quizá convendría pensar que un profesor de literatura muy excepcionalmente llega a ser un buen escritor porque son dos disciplinas que, aunque son parientes cercanas, exigen talentos diferentes que no suelen coexistir en la misma persona.
Lo positivo de MOCKUS es que cuenta entre sus seguidores con personas de gran talento y excepcionales realizaciones como Enrique PEÑALOSA, transformador de Bogotá de una ciudad casi invivible en una metrópoli moderna con base en trabajo gerencial y manejo pulcro de los recursos públicos; con Salomón KALMANOVITZ, economista al que Colombia le debe en buena medida su estabilidad cambiaria reciente, y otros profesionales que podrían con su apoyo conseguir que logre un buen gobierno. Aun no sabemos si la pintoresca personalidad de MOCKUS tendrá entre sus características permitir que otros sean los protagonistas de sus logros.

En otros países, la decisión de a quién votar suele estar mediada en la mayoría de los casos por la evaluación de las propuestas de los candidatos, pero en Colombia que es, como su slogan de campaña publicitaria internacional lo afirma, apasionada (“COLOMBIA ES PASIÓN”), la decisión suele ser más o menos emocional igual que se dirimen las disputas o se conduce los coches por las calles. Los que conocemos y amamos a Colombia lo hacemos no precisamente por la tranquilidad y discernir pausado de sus habitantes. Lo hacemos un poco como los fumadores que sabiendo que el tabaco es potencialmente tóxico, seguimos apegados a fumar porque nos gusta y ya está.

Tomando en cuenta la manera con la que se toma decisiones electorales, la respuesta a quién llegue a ser presidente depende casi con seguridad, no de quién ofrece la mejor propuesta porque eso parece no importarle a la mayoría. Dependerá entonces de cuál de los dos candidatos logra el favor de los manejadores de la emocionalidad colombiana, es decir, cuál le conviene más a RCN radio y televisión y a CARACOL radio y televisión, dos semi-monopolios de la información que, junto con culebrones-basura y programas de narco-miseria emiten programas de “opinión” y telediarios que manipulan las preferencias no solo comerciales sino políticas de los colombianos.
Ya estamos a pocos días de las elecciones y ya la moneda está en el aire. Digamos entonces como los toreros en la puerta de cuadrillas cuando van a empezar el paseíllo: “Que Dios reparta suerte”.

viernes, 30 de abril de 2010

LOS ENEMIGOS DE DIOS



“ Y sé que la mano de Dios es promesa de la mía
Y sé que el espíritu de Dios es hermano del mío
Y que todos los hombres en cualquier tiempo paridos
son también mis hermanos y las mujeres
mis hermanas y amantes”

Walt Whitman


Cuando el patriarca Abraham Avinu decidió hace como 3.500 años abandonar con los suyos y sus rebaños su natal Ur de Caldea porque repudiaba la idolatría de sus paisanos, seguro que jamás imaginó que al monoteísmo que fundó en Canaán le saldría siglos después una inmensa secta derivada de su doctrina que llenaría el mundo de magníficos edificios poblados de imágenes de miles de “dioses” hechas de madera, cartón-piedra, yeso o mármol las cuales, según los sacerdotes de esta nueva forma de creer, servirían a la humanidad para todas las necesidades imaginables según su especialidad y según la fe, la veneración y las ofrendas que se les tributase.
A pesar de la ética con que vivían los monoteístas originales y de las evidencias presentadas durante siglos de que, por su fe y comportamientos lograban hacer prodigios solo atribuibles a un poder divino, el resto del “mundo civilizado” -al que hoy llamaríamos occidente- continuaba sumido en la idolatría de los más absurdos dioses inventados por visionarios, reyes, gobernantes o por los mitos populares que a fuerza de repetidos se convertían en “verdades superiores”.
En el avanzado Egipto antiguo se adoraba a dioses diversos los cuales eran representados por figuras absurdas: para citar un ejemplo, Horus era representado como un halcón al que se le atribuían poderes divinos.
En la civilización romana, además de la muy difundida mitología romana en la que figuraban cientos de dioses, había uno de particulares características que seguramente causarán asombro hoy en quienes no las conocen para ese dios, Mitra: Nació el 24 de diciembre a las 12 de la noche de una mujer virgen; después de nacer fue adorado por pastores; era llamado “El Buen Pastor”; instauró una eucaristía y sus sacerdotes iniciados usaban un gorro y un anillo como el de los obispos católicos de hoy.
Cuando se inició la era llamada cristiana, es decir hace unos dos mil años, nació y vivió en Palestina un hombre de características excepcionales que enseñó a quienes le escucharon a vivir en el amor por todos los hermanos humanos, a saber perdonar, a respetar a todas las personas sin mirar su condición social o económica, a cumplir las leyes, a vivir éticamente, a no buscar venganza, a servirle al necesitado como a un hermano, a trabajar para ganarse el pan sin intentar sacar provecho personal de la evidente veneración de sus seguidores, a decir la verdad, a no engañar, en fin, a buscar la perfección llevando una vida sincera, bondadosa y ética. Los cronistas de la época que luego escribieron sobre él dicen que era un hombre con una bondad y una mente tan esforzada y poderosa que llegó a obrar prodigios que hicieron que su prestigio llegase a ser conocido por los sacerdotes de su país los cuales, a pesar de que él nunca renegó de su religión judaica ni pretendió -como ellos afirmaban para señalarlo de blasfemo- ser El Mesías, lo acusaron ante las autoridades romanas, entonces dominadores de la Palestina y lograron que lo condenasen como a un criminal y, según dicen algunos, fuese crucificado y muerto. Este gran Maestro llamado Jehoshua Ben Josep, que se sepa, jamás dijo ser El Hijo de Dios como luego afirmaron los creadores de la nueva gran secta que llegó a llamarse catolicismo. De hecho, alguno de los llamados evangelistas (Juan 14,12-14) dice que Jehoshua dijo:
“Les aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago, y aun mayores”. De esta afirmación se puede deducir sin duda que, Si Jehoshua sabía que era el Hijo de Dios, sabía con divina seguridad que ningún hombre nacido de mujer podría llegar jamás a ser como él ni, por lo mismo, hacer las cosas que él hacía. Si sabiendo esto Jehoshua afirmaba lo que Juan dice que afirmaba, podría pensarse que Jehoshua mentía. ¿Siendo Jehoshua un Maestro que llegó a ser tan perfecto y tan ético en sus comportamientos y afirmaciones, podría presumirse que se permitiría a si mismo mentir? Evidentemente no. ¿No es más lógico y coherente con la perfección que ese hombre logró pensar que él en realidad dijo: “Puesto que soy un hombre como vosotros, y he logrado con mi fe y conocimiento de mi mismo, de mi mente y de aquello que trasciende a mi mente y a mi cuerpo hacer lo que he hecho, también vosotros, si os esforzáis como ya me he esforzado, podréis hacer lo que hago y aun cosas mayores”?
¿Quien o quienes, si no fue él quien se autoproclamó Hijo de Dios, fueron los que crearon esa doctrina del "hijo de Dios hecho hombre" para sobre ella fundar una nueva religión con retazos de otras religiones paganas? ¿No sería el romano Constantino I en asocio con los clérigos de la época quienes crearon esa gran secta que Jehoshua hubiese rechazado? ¿Acaso no se creó esa gran secta para lograr intereses políticos del Imperio y favorecer a sus valedores como hoy sigue haciéndolo? ¿No fue esa gran secta dirigida en el 1.208 por el Papa Inocencio III la que persiguió con saña asesina hasta exterminarlos, sin omitir ancianos y niños, por medio de los soldados comandados por Don Domingo de Guzmán a los cátaros (imitadores de Jehoshúa) en el Languedoc francés? ¿No fue esa gran secta la que creó la Inquisición que persiguió y asesino a miles de personas que no le convenía tanto en Europa como en el nuevo mundo recién cristianizado? ¿No es esa gran secta la que se escindió en dos (católicos y protestantes) cuando Martín Lutero se reveló contra los jerarcas porque quería y exigía más poder? ¿No esa gran secta la que en años recientes protegió a un gran delincuente financiero que llevó al suicidio a muchos europeos que perdieron sus ahorros cuando él (El obispo Paul Marcinkus) les esquilmó sus dineros? ¿No son los jerarcas y los sacerdotes de esa gran secta y de su secta hija (aunque hoy se presente como antagonista), los que inducen al hombre común en cuya alma subyace la esperanza en un Dios, los que con su hipocresía y conducta avariciosa, pecaminosa, ofensiva, amenazante y cínica, a perder la esperanza y declararse ateos? ¿ No son, por tanto, estos hombres llamados clérigos, pastores, ayatolas o como se llamen los verdaderos enemigos de Dios?.
Por estos días, un señor de apellido Castrillón, cardenal de primera importancia en El Vaticano salió a decir a propósito de la centenaria costumbre de algunos curas de pervertir y violar sistemáticamente a niños, que para estos curas pervertidos, el castigo debería ser impedirles ejercer como sacerdotes. Como quien dice que, si un peón de albañil pervierte y viola sistematicamente a niños, el castigo debería ser impedirle que siga ejerciendo como peón de albañil. ¡Eso es cinismo puro y duro!

Hay quienes profesan una fe libre y siguen lo que parece un instinto básico en el hombre, es decir, creen sinceramente que hay una divinidad que rige al universo y que se manifiesta todos los días de miles de formas en todo lo que existe y en sus vidas. Estos llaman a esa divinidad de muchas formas: Dios, Hashem, Allah, Conciencia Universal, Energía Creadora, etc. etc. Hay quienes, ante la duda, deciden declararse agnósticos alegando que no hay una certeza de la existencia o no existencia de un dios. Y hay unos terceros quienes; acosados por su aversión a los clérigos de todos los pelajes, tengan ellos mitra o turbante, hablen por medio de encíclicas o llamados a la “muerte del infiel”, o, micrófono en mano y con trasmisión televisada exhiben “milagros” mientras sus call center recaudan millonarias sumas; acaban declarándose ateos. Estos hombres que pierden la fe suelen apoyarse además en los seudo-científicos como Richard Dawkins quien usa argumentos que para muchos ingenuos parecen “irrefutables” y “demuestran” la inexistencia de alguna divinidad cuando no son más que repeticiones de obviedades que solo demuestran nuestra incipiente evolución para comprender lo trascendental. A este tipo de personas que solo buscan vender algunos o muchos ejemplares de sus libros, son a quienes solemos llamar los enemigos de Dios, cuando en realidad, los verdaderos enemigos de que el hombre moderno se aleje cada vez más de esa inefable esperanza son la clerigalla de todos los colores y de todos los tiempos. A esa cuadrilla de enemigos de Dios es a quienes se refiere el Maestro de Poble Sec cuando dice:

“Son el alma
de la alarma,
del recelo
y del canguelo.
Los chulapos
del gazapo:
Los macarras
de la moral.”

martes, 30 de marzo de 2010

CARTA ABIERTA PARA EL COMANDANTE DE LAS FARC



Señor CANO: Cuando uno lo ve a Usted en los periódicos o en los telediarios, la impresión que causa es que Usted parece una buena persona. En general Usted no tiene la arrogancia de esos cobardes armados que suelen mirar a los entrevistadores con actitud de perdonavidas y que suelen dar sus respuestas, casi siempre inspiradas no en la razón sino en el resentimiento, como si fuesen sentencias definitivas. En contraste con eso, sus respuestas son más razonadas porque parece no tener un discurso único, aprendido en los manuales “del buen revolucionario”. Parece que su formación universitaria le dejó la disciplina del estudio y la lectura y que debido a eso, como es natural en quien la tiene, sabe que en el mundo lo único constante es el cambio y que no hay ninguna doctrina, especialmente si es política, que pueda ser abrazada como única y definitiva porque no hay una sola que hayan demostrado su perfección, ni siquiera una evidente superioridad frente a las otras. Fíjese Usted en el comunismo marxista leninista: En la Unión Soviética terminó en el fracaso después de mantener por muchos años un régimen totalitario donde los jefes vivían como zares mientras el “proletariado” sufría las de Caín; donde cualquiera podía ser perseguido por el Estado por el solo hecho de pensar de manera libre; donde nadie podía decidir qué hacer con su vida profesional porque eso era decisión de un buró compuesto por unos comisarios alcohólicos a quienes nadie les importaba y cuyo único propósito era llenar bien los cartapacios del partido. Acuérdese de la República Democrática de Alemania, pueblo disciplinado, trabajador y progresista al que la Unión Soviética les impuso el comunismo y este régimen logró lo que parecía imposible: pauperizar a un pueblo que había superado la pobreza hacía lustros. Hoy, después de haber logrado retornar a la democracia y de haberse unificado con la Alemania Occidental, se repone a duras penas de los males acarreados por tanto tiempo de la “Dictadura del Pueblo”. Ni hablar de nuestra querida isla de Cuba donde un hombre como Castro, sin duda inteligente y hasta brillante pero con una clara personalidad desquiciada, ha llevado a sus habitantes a la miseria que hoy llevan ya casi sin dignidad; a la persecución de los habitantes que quieran ejercer su básico derecho de ser libres; donde la desnutrición, absurda en un país que antes nunca la conoció, hoy se ve con demasiada frecuencia; a la búsqueda desesperada de sus habitantes por salir de allí. Claro, no faltan los apologistas de la “Revolución Cubana” que dicen con orgullo que ahí, por ejemplo, no hay analfabetismo en los niveles del resto de Iberoamérica. Esa, Usted lo sabe Señor Cano, es una de esas mentiras que fácilmente se le hace creer a la masa. Todos sabemos que aun antes de Castro, es decir en los tiempos del dictador Fulgencio Batista, ya Cuba tenía los más bajos niveles de analfabetismo de este hemisferio. Es decir, ese no es un logro de la “revolución” sino una tradición en Cuba. Dirán también que en Cuba la medicina es “muy avanzada” y al alcance de todos. Alguien quizá se lo ha contado o Usted lo ha visto en Cuba que, los médicos cubanos, bienintencionados y alegres como todos los cubanos, son en realidad bastante limitados en conocimientos por haber estudiado con excesivas limitaciones y por carecer de lo más elemental para poder ejercer una buena medicina. Habrá visto por sus propios ojos que los sátrapas gobernantes viven como sultanes mientras a su pueblo le falta la sal y el agua y es perseguido y hasta encarcelado por intentar comerse una gallina que crió en su propio patio. Esa es una descripción de una revolución marxista en América. A eso es a lo que aspiran algunos gobernantes de Sudamérica como Chavez de Venezuela con su “Socialismo del Siglo XXI”; quien ha logrado que un país tan rico en recursos naturales llegue a un estado de pobreza y caos que, si no fuera porque es dramático, llegaría a ser ridículo y hasta cómico. Y con él, esos lamentables gobernantes de Bolivia, Nicaragua Ecuador y Argentina quienes solo parecen buscar, o su enriquecimiento personal, o “un sitio en la historia” para paliar las limitaciones y carencias de sus menguadas y enjutas personalidades.
No decimos, ni mucho menos, que el capitalismo sea mejor que el comunismo marxista. Son, sin duda, igualmente perversos. ¡Eso, seguro!. Pero, mientras en los sistemas totalitarios del marxismo hay que asumir la miseria sin posibilidad de marcharse, en los sistemas capitalistas puedes irte cuando quieras o cuando puedas; mientras en los estados totalitarios marxistas, otros son los que deciden sobre tu futuro, en los capitalistas puedes decidir hacer lo que quieras o lo que puedas, a veces miserablemente pero tan miserablemente como le toca a de manera obligada a la mayoría en los estados marxistas.
Señor Cano: ¿merece la pena derramar tanta sangre, crear tantas desgracias, sembrar tanto odio para intentar cambiar un sistema malo por otro que ha demostrado ser tan malo o a veces peor que el anterior?
Es comprensible que Usted, en su juventud, igual que casi todos los jóvenes haya llegado a creer de forma sincera en que la Revolución Comunista era la salvación de la humanidad y que, por tanto, bien valía cualquier sacrificio para conseguir que se instaure. Hoy, después de lo vivido y lo visto en tantas partes y con; no vamos a caer en la vanidad de decir “la sabiduría que dan los años” pero si, la prudencia y pragmatismo de la experiencia que se le parece un poco, seguramente Usted sabe claramente que eso era un camelo, un espejismo que antes que beneficiar, daña. Hoy, con seguridad Usted es ya otro rehén de su pasado, de su discurso del que ya no sabe como desdecirse, del gusto por el poder que es como una droga y de otras mil cosas que por no saber no sabemos pero, de las que algunas veces piensa en deshacerse para vivir una vida más coherente y más ajustada a su verdadera creencia y a su forma más clara de ver hoy la vida.
Usted Señor Cano, quien parece una persona inteligente y que ha cultivado su intelecto, es seguramente una persona buena con las verdaderas características del hombre bueno, ese que describió el Maestro Machado cuando dijo “en el buen sentido de la palabra bueno”. Porque la bondad es hija de la inteligencia, y nadie que haya logrado ejercerla se puede sustraer a ser bueno. Son las circunstancias de su vida las que le han llevado a vivir tomando decisiones dramáticas y a usar a veces discursos de persona malvada. Pero con seguridad Usted no aprueba ni cohonesta acciones como la masacre de Bojayá y otras muchas, ni el reclutamiento forzado de niños, ni la violación de las niñas, ni el secuestro, ni la utilización espeluznante, monstruosa e increíble de engañar a un niño para hacerlo estallar con una bomba junto a un puesto policial. Esas acciones propias solo de mentes enfermas y no de revolucionarios no pueden ser ordenadas ni aprobadas por Usted. Pero su “organización”, y Usted lo sabe, es ya una hidra de mil cabezas solo unidas por un tronco pero, con voluntades autónomas y perversas que han perdido toda ideología para hacerse pandillas de asesinos al servicio de fines criminales, quienes saben que el nombre de una organización supuestamente insurgente, les permite seguir haciendo un lucro criminal.
A Usted seguramente le duele el alma al pensar en cuántas vidas han segado, cuántos hogares han destruido, cuántas ilusiones han roto, cuánto dolor han causado, cuántos puestos de trabajo que dicen defender han destruido llevando hambre a tantos hogares, a cuántas familias han condenado a abandonar sus pagos para deambular por inhóspitas ciudades donde pierden su razón de vivir. Todo eso, ha de pensar Usted, no puede hacerse para “favorecer al pueblo”. Usted, como cualquier persona que discierna un poco, sabe que las sociedades no se salvan o se vuelven más “incluyentes, igualitarias y justas” por las armas, los discursos, las ideologías ni las religiones. Las sociedades solo cambian; y esto parece un razonamiento cínico pero es solo realista; por la evolución. Es decir, para que haya sociedades más justas, igualitarias e incluyentes, el género humano ha de cambiar su egoísta modo de ver la vida haciéndose más hermano de sus hermanos que somos todos. Pero eso no se logrará ni se ha logrado nunca con nada más que con la evolución que toma generaciones y generaciones. Ni nosotros ni los siguientes centenas de generaciones lo veremos, y cuando el género haya evolucionado suficiente para lograrlo, seguramente tendrán un nuevo horizonte que les hará pensar que su sociedad “debería de ser más incluyente, más igualitaria y más justa”.
Si Usted ha pensado en esto, ¿por qué no tomar una decisión que cambiaría la bella Colombia convirtiéndola en un país con una mayor ilusión de un futuro mejor? ¿Por qué no convertirse Usted en un héroe para su pueblo y un verdadero luchador por su bienestar, abandonando esa sangrienta e inútil confrontación? ¿Por qué no darse cuenta de una vez que ni Usted, ni las FARC ni nadie en Colombia son los verdaderos enemigos de su propio país? ¿Por qué no aceptar que los verdaderos enemigos de Colombia son los grandes cárteles mundiales que se sirven del tráfico de drogas y de armas para mantener las arcas de sus bancos llenas? O ¿ se cree Usted Señor Cano que los 750 mil millones de euros anuales que mueve el narcotráfico en el mundo y los 300 mil millones de euros anuales que mueve el tráfico de armas como las que usa su guerrilla van a parar a las manos de las FARC y unos cuantos mafiosos colombianos, afganos o chinos? ¿No será más bien que Ustedes y los traficantes comunes no son más que instrumentos de esos grandes mafiosos mundiales que desde sus Juntas Directivas y sus oficinas en los edificios de cristal de las grandes ciudades del mundo manipulan circunstancias, discursos, políticas, informaciones y contra - informaciones para mantener un estado de cosas que les hace creer a Ustedes y a todos sus manipulados que están haciendo lo que hacen de forma autónoma, cuando en realidad no son más que los comodines que les hacen el trabajo sucio para que la verdadera y gigantesca utilidad de esos negocios criminales llegue a sus manos?
Si no lo ha pensado Señor Cano, piénselo. Usted podría de verdad emancipar a su país de esos criminales mundiales quitándoles la herramienta que ellos usan para conseguir sus fines usándolos a Ustedes. Ustedes podrían ayudar a erradicar de Colombia el negocio de las drogas y de las armas convirtiendo a su país en un mal negocio para los verdaderos enemigos. Usted podría deponer las armas y hacer que su guerrilla las deponga. Su país se lo agradecería más que nada. Cuánta ilusión nacería en su pueblo cuando sepa que esa guerrilla a la que nadie apoya ha cesado sus actividades. Con ese nuevo clima, cuántos capitalistas estarían dispuestos a ir a Colombia, donde hay tantos recursos naturales y humanos a crear fuentes de trabajo. Cuánto bien podría hacerle Usted a su país. Es solo discernirlo, aceptarlo y moverse en la dirección correcta. Usted es un líder y tiene la inteligencia necesaria para convencer a sus subalternos para que lo sigan. Los que no lo seguirán, no lo han seguido nunca, así que de ellos no se ocupe, deje que de ellos se ocupe la inexorable vida.

sábado, 13 de febrero de 2010

LA COBARDÍA DEL ARMADO


Vinieron los sarracenos y nos molieron a palos,
Que Dios ayuda a los malos
Cuando son más que los buenos”
Coplilla anónima

Una historia sobre la maldad disfrazada de heroismo.


Cuando Manuel Vallina salió de su casa en Tremañes aquel 3 de febrero del 1.954 a las 5 de la madrugada, el frio húmedo del invierno asturiano calaba los huesos. Recién cumplida la mili, Manolo con sus 20 años apenas estrenados había decidido marchar a “hacer las Américas”. En La Coruña, donde hizo el servicio militar, oyó de sus compañeros que, de ese puerto y de El Musel en Gijón, salían barcos hacia Veracruz, México, que solían llevar emigrantes “por cinco rubias”. Desde el momento en que alguno de sus compañeros se lo dijo, él vio en retrospectiva su vida y pensó que nada tenía para perder. Primero se increpó a sí mismo porque, viviendo tan cerca del puerto de El Musel, no haberse enterado nunca de su posibilidad de marcharse era poco menos que ñoñez. Luego pensó en qué harían su madre Sagrario y su hermana menor Begoña sin él. Muy pronto se tranquilizó al rememorar que, viéndolo bien, no era mucho lo que les aportaba aparte de compañía. No fue fácil convencer a la madre pero, finalmente lo logró contándole que muchos de los hermanos mayores de sus compañeros de cuartel ya estaban en México y que, algunos de ellos ya habían podido llevar a sus padres y hasta a sus hermanos porque en ese país había una inmensa colonia de españoles, especialmente asturianos, muchos de los cuales habían logrado iniciar empresas exitosas que ofrecían oportunidades de trabajo para los paisanos.
Irse de casa no significaba una merma en las ayudas porque era la madre quien mantenía el hogar con el fruto de su trabajo como asistenta externa en un par de casas del barrio La Arena. Begoña estudiaba aun en el instituto y él, conseguía algunas veces cangrejos en el rio Piles y alguna que otra carpa para variar la dieta de alubias o garbanzos pero, ese aporte no se echaría demasiado en falta.
Desde que su padre dejó de trabajar y luego de que murió, la situación había sido siempre de dificultades. El padre, al morir no había podido dejar nada. Cuando surgió, siendo él aun muy joven, la complicación de la silicosis adquirida en su trabajo como picador en la mina de La Camocha, los hospitales del estado prácticamente le negaron toda atención condenándolo a una casi total invalidez y a una muerte prematura sin una pensión para su mujer ni sus huérfanos. Por esos tiempos, haber sido rojo era un sambenito que condenaba a esas y aun peores consecuencias.
Sagrario sacó de debajo de su cama la vieja espuerta de cuero atada con correas que guardaba para los supuestos viajes que nunca llegaron. La noche anterior a la partida de Manolo, puso en su interior las tres mudas de ropa, un par de botas recias que habían sido del padre y la cerró poniéndola junto a la puerta. A la hora de partir Manolo, ella, aguantando las lágrimas y sin un rictus de pena en ese noble rostro que a fuerza de pastorear dolores se había tornado de piedra, lo besó en la frente, en ambas mejillas, lo abrazó contra su pecho, le dio mil bendiciones y le aseguró que esperaría confiada sus noticias para viajar con Begoña a continuar sus nuevas vidas en esas tierras de Dios. Lo vio desde la puerta despedirse con el brazo levantado y luego, apretando los dientes y como si todo continuase igual inició los oficios de su casa para dejarla digna antes de salir también caminando hacia La Arena a trabajar como todos los días.
La dichosa espuerta pesaba más de lo que contenía y Manolo tenía que parar cada dos calles para recuperar aliento. Llegar hasta El Musel caminando llevaba tiempo y con semejante peso a cuestas se prolongaría aun más. Por suerte había decidido salir con suficiente anticipación para no llegar a tener dificultades. Tenía todos los documentos en regla y esperaba poder abordar sin contratiempos. Sin embargo, nunca sobraban las precauciones por lo que, aunque el barco zarparía a las 12 del medio día, él quería estar mucho antes de la hora.

Al llegar a Veracruz, aunque aún faltaba mucho para que empezase a despuntar la primavera, se asombró del calor que se sentía. Solo pasado un tiempo llegó a razonar que se encontraba en el trópico y que la temperatura sería casi siempre la misma en todas las épocas del año. Ayudado por algunos compañeros de viaje tomó un autobús hacia Ciudad de México donde al llegar volvió a sorprenderse por el frio que se sentía en este monstruo de ciudad.
Ciudad de México era grande, muy grande. La ciudad más grande que vio antes fue Bilbao, a donde lo llevaron siendo soldado a recibir entrenamiento como tanquista, pero esta era lo menos diez veces mayor. Y además de grande era una ciudad extraña, con unos inmensos barrios de chabolas donde la pobreza había borrado la dignidad, un centro también gigantesco en el que se veía, junto con el afán por parecer francés a veces y otras americano, un cierto esfuerzo por conseguir una identidad propia que no se lograba. Junto con esa extraña manera de irse formando, se veían también los increíbles barrios de los ricos mexicanos con sus entradas palaciegas, con caminos bordeados de palmeras, con garitas para vigilantes, con aparcaderos para varios coches y con lujos que parecían dispuestos para contrastar absurdamente con la lastimera pobreza del otro lado de la ciudad. No le gustó ni el frio constante, ni la congestión del tráfico, ni la manera de ser de su gente, siempre amable con las palabras pero agresiva en el comportamiento. Pensó que, en cuanto fuera posible, se buscaría un nuevo destino menos denso y más acorde con su querida Asturias. Al día siguiente de su llegada ya había conseguido trabajo en la fábrica de zapatos de don Hermenegildo Álvarez, asturiano de Ribadesella que lo empleó como ordenanza. Sin embargo, debido a su disposición y ánimo, muy pronto don Hermenegildo lo pasó a ayudante de máquinas cortadoras, luego a oficial de máquinas cortadoras, después a aprendiz de capelladas, y así, en dos años de trabajo ya había aprendido casi todo el oficio y era uno de los obreros preferidos del Señor Álvarez quien un día, sin más lo invitó a comer “les fabes” el domingo a su casa. Ese día, con la sidra y el coñac tomados, Manolo se sintió con los bríos para contarle a don Hermenegildo sus ilusiones y sus penas; su falta de gusto por la ciudad y sus ganas de encontrar un lugar mejor en el que vivir, trabajar y poder traer a su madre y hermana que aún estaban en España. Casi como si fuese un milagro, don Hermenegildo le soltó que hace un par de años, él y su hermano Aurelio habían iniciado una fábrica de zapatos en Cali Colombia, en Sudamérica y que, puesto que, por no haber no había buenos maestros zapateros en esa ciudad, les era indispensable encontrar uno que les ayudara. Aclaró don Hermenegildo que no llegaba a considerar a Manolo un maestro zapatero, pero si con la suficiente habilidad para suplir el cargo y, si estaba de acuerdo, eso de irse a otro lado, estaba hecho. Le habló de Colombia y de Cali donde no había muchos paisanos pero, en compensación su gente era más amable y dispuesta a entenderse con ellos y con una especial simpatía por los españoles y a quienes no se les ocurriría ni por broma llamarles “cachupines” como si lo hacían estos “jodidos chilangos”.

Fue decir y hacer, pues solo dos semanas después de esta conversación, Manolo llegaba a Cali, Colombia, para empezar a trabajar como Jefe de la pequeña planta de producción de zapatos que regentaba don Aurelio Álvarez. Cuánto empeño puso en su trabajo, cuánta ilusión le hacía ver la fábrica crecer como crecía. Cuánta alegría le producía vivir en esta ciudad tan cálida en la que la gente respetaba su trabajo y su orden y le daba un trato especial, casi mejor que el que se daban entre sí, solo por el hecho de ser español. A veces pensaba que era verdad que había llegado a “la Sucursal del Cielo” como llamaban de forma rimbombante los caleños a su ciudad. Todo funcionaba para Manolo, el trabajo, el dinero, las amistades y hasta el amor. Muy pronto conoció a Susana Zaldúa, hija de un vasco emigrado hace años, con la que entabló relaciones serias que acabarían en matrimonio. Dos años tardó en tener lo suficiente para traer a su madre Sagrario y a su hermana Begoña, y ocho más en tener la experiencia suficiente y los ahorros bastantes para iniciar, con la aprobación y apoyo de los hermanos Álvarez, su propia pequeña fábrica de zapatos a la que bautizó, cómo no, Calzado Vallina. De allí en adelante, según eran los recuerdos de Manolo, fue una casi ininterrumpida cadena de éxitos y alegrías con algunas pocas penas. Las alegrías fueron muchas y muy grandes como el crecimiento de la empresa, la creación de una pequeña cadena de tiendas propias, el matrimonio de Begoña con un ingeniero canadiense que vino a trabajar con una empresa de aluminios con quien luego marchó a vivir a Inglaterra, la compra de la finca campestre en Corinto, pequeño pueblito cercano a Cali, donde en diciembre hacían la matanza y celebraban con chorizos y buen tocino con los amigos. Pero la alegría más grande fue cuando llegó por fin al hogar el único hijo después que llegaron a creer con Susana que no podrían tener descendencia. Como Isidoro bautizaron al guaje en honor y recuerdo del padre de Sagrario. El chaval, además de buen estudiante y hombre alegre, salió como el padre, buen trabajador. Si Manolo había logrado con su tesón, habilidad y trato respetuoso y justo para sus trabajadores hacer de Calzado Vallina una empresa en la que todos querían trabajar, Isidoro, cuando empezó a administrarla, conservando todo lo bueno, la había mejorado con nuevas tecnologías, mejores sistemas productivos y capacitación constante para sus trabajadores.

Las penas, aunque pocas habían sido enormes. La primera, la muerte de Sagrario de una embolia en una clínica de la ciudad. A pesar de sus 84 años, Sagrario gozaba de buena salud y mejor ánimo por lo que nadie esperaba que muriera así, de repente. El dolor fue grande pero, casi podía considerarse soportable comparado con el que les trajo la tragedia que empezó la mañana en que Isidoro, yendo hacia la finca de Corinto, fue secuestrado por los guerrilleros de las FARC. Esa misma tarde llamaron por teléfono al móvil de Manolo para hacerle oír a Isidoro quien le informó que lo habían secuestrado pero que estaba físicamente bien y le pidió que por favor intentase llegar a un acuerdo con sus captores para salvar la vida. Los secuestradores le dijeron que si informaba a las autoridades, asesinarían de inmediato a Isidoro y le aseguraron que, tanto el teléfono de la casa como los de la empresa y también los móviles de él y de Susana su esposa, estaban intervenidos pues ellos contaban con colaboradores en las Empresas Públicas de Cali y en el DAS de tal manera que podrían darse cuenta de inmediato de cualquier “mala jugada” que intentara. Manolo y Susana decidieron callar y negociar para salvar a su hijo por quien estaban dispuestos a lo que hiciera falta. Dos días después llamaron para fijar la cifra que debían pagar por la libertad de Isidoro. No quisieron ni siquiera oír que era demasiado dinero argumentando escuetamente que era pagar esa cifra o perder su hijo la vida. Eso sí, se hacían cargo que la cifra no podría estar lista en pocos días, así que, enviarían a su casa una enfermera de sus “filas” que actuaría como monitora para que se cumplan todas las promesas que don Manolo hacía. Puesto que no debía volver a trabajar a su fábrica, era prudente hacer saber que doña Susana estaba enferma y que la enfermera y él se ocuparían de su salud. Recalcaron la seguridad de la muerte de su hijo en caso de cualquier movimiento o intento “sospechoso”. La enfermera debía ser hospedada en la casa y supervisaría que diariamente se hagan los retiros, ventas o préstamos necesarios para que, en un plazo de 15 días se tenga la cantidad pedida como rescate. Efectivamente, al día siguiente llegó una señora que se identificó como Mayerling Blandón con indumentaria de enfermera y con una maleta grande; dijo ser la enviada de las FARC, pidió ver su alojamiento y le comunicó a don Manolo las condiciones y plazos en que se debían cumplir las órdenes de la “organización”. Manolo noto que no se expresaba con el énfasis de una guerrillera convencida y empezó a pensar la forma de sonsacarle información. Seguía la rutina diaria establecida desde el secuestro de Isidoro, es decir, salir de casa, ir a los bancos a retirar dinero de préstamos, retirar los dineros producto de las ventas de algunas propiedades, convertir a efectivo los dineros que había invertido en acciones de bolsa y llevar cada vez esas sumas para contarlas con Mayerling, sumar para saber cuánto se aproximaban a la cifra pactada y, algunas veces, con el previa autorización de ella quien esperaba primero ser llamada por su móvil por su jefe para que este valide la autorización, pasar brevemente por la fábrica y alguna de las sucursales de sus negocios para enterarse de la marcha de estos.
Uno de esos días en que el “vocero de la organización” llamó a Manolo para urgirlo por el pago, éste aprovechando que Mayerlig estaba presente durante todas sus conversaciones, dejo abierto en su móvil el dispositivo que permitía que se oiga lo que decía la persona del otro lado de la línea. Por esos tiempos, esos dispositivos no eran nada frecuentes en los aparatos móviles y él lo había adquirido a un precio elevado. Puso en marcha un plan que había fraguado y tiró de la lengua del guerrillero diciéndole que él temía que, puesto que Mayerling debía tener algún antecedente judicial, las autoridades podían estar siguiéndola y podían capturarla. Le enfatizó que a él le preocupaba si eso llegase a pasar porque ellos podrían pensar que fue él quien la denunció y podrían matar a su hijo. El hombre respondió con una risa de cinismo y tranquilidad agregando que no debía preocuparse puesto que Mayerling no tenía ningún elemento ni documento que pudiesen identificarla como miembro de las FARC y que, en caso de que la detuviesen las autoridades, ante el riesgo de que se vaya de la lengua, ellos actuarían de inmediato haciendo que alguno de sus contactos que tenían en todas partes la silencie “definitivamente” el mismo día de su detención. Manolo le preguntó si Mayerling sabía esto y el hombre respondió que no era necesario y que, para ellos, “la seguridad de la organización estaba por encima de la vida de una sola persona”. Después de rogar por alguna comunicación con Isidoro, recibir la misma dura negativa de siempre y prometer tener el dinero lo más pronto posible, cerró la comunicación y se quedó mirando en silencio a Mayerling quien, también en silencio, parecía cavilar con la mirada baja. Finalmente, ella levantó la cara y Manolo pudo ver sus ojos llenos de lágrimas. En circunstancias normales, habría respetado el momento por el que pasaba Mayerling pero, las actuales en las que estaba en juego la vida de su hijo ameritaban cualquier estrategia por dura que pareciese. Así que atacó a fondo intentando aprovechar el momento de debilidad de la enfermera. Con el mejor tono de consideración le preguntó cómo podía colaborar con esa gente que no respetaba ni la libertad, ni los bienes, ni la tranquilidad y ni siquiera la vida de nadie incluida la de ella. Por qué no decidía ayudarle a él para que por lo menos estos asesinos le dejasen hablar con su hijo para saber que estaba bien. Le recordó ya con tono enfático lo que ella había visto en su casa en la que solo había dedicación al trabajo, consideración para los trabajadores, dadivosidad con los pobres, ayuda desinteresada para todo el que se acercaba a ellos, todo, menos eso de lo que le acusaban los guerrilleros cuando la hablaban por teléfono, de rico avaro, explotador de los trabajadores, discriminador, y aprovechador de los pobres colombianos. Mayerling contestó lentamente, como escogiendo las palabras. Le confirmó que era verdad que ella había podido comprobar que don Manolo y su familia eran unas muy buenas personas y que si pudiese, haría lo que fuese necesario pero que no le era posible. Luego le soltó una historia que a don Manolo lo dejó de piedra: “Mire don Manolo, le dijo, estos desgraciados son una banda de criminales depravados a los que solo les interesa el dinero. No es verdad que sean una guerrilla con un ideal político ni que quieran conseguir un cambio en las políticas sociales del país ni favorecer a los pobres. Quizá eso fue verdad hace muchos años pero, hoy eso se ha perdido porque saben que nunca van a lograr nada ni les interesa. Hoy son solo cultivadores, procesadores y traficantes de cocaína; secuestradores y asesinos de todo aquel que tenga dinero o amenace su organización criminal. Los grandes jefes son protegidos por gente de su confianza a quien le dan parte importante de sus inmensas y criminales ganancias para mantenerlos a su lado y en lealtad convirtiéndolos en millonarios; de ahí para abajo, los jefes de frente, reciben también una buena participación por mantener transitables los corredores para el tráfico. Reciben armas y suministros resultantes del canje por cocaína con los traficantes y, para que puedan conseguir sus propios recursos, han recibido de sus jefes el visto bueno para secuestrar y lucrarse de ese feroz delito puesto que ellos, los jefes, tienen suficiente y más con el tráfico de drogas. Estos, los jefes de frente, tienen también su “cinturón de seguridad” conformado por los más sanguinarios a quienes les comparten sus ganancias con el mismo propósito que tienen sus jefes, de mantenerlos en lealtad. Los guerrilleros rasos, hombres y mujeres, son en general unos pobres muchachos que han llegado a la guerrilla por un sueldo de miseria o han sido reclutados a la fuerza, quienes permanecen expuestos a todo, desde el hambre y el frio, hasta la violación por parte de los “jefazos” quienes, para evitar su deserción o fuga, los mantienen en un régimen de terror absoluto. Al menor incidente que a juicio de uno de sus desalmados jefes sea considerado intento de fuga, deserción, falta de “fervor revolucionario” o lo que sea, son esos mismos chacales quienes obligan a sus propios compañeros a fusilarlos a la vista de todos para mantener el terror y la obediencia. Igual los amenazan y cumplen sus amenazas de asesinar a sus familiares más queridos si se discrepa o se desobedecen las órdenes. Yo misma fui secuestrada junto a mis dos hijos de 13 y 15 años en el ataque que la banda hizo hace tres años al Alto Naya donde ejercía como enfermera. Me separaron de ellos y a mí me obligaron a servir como enfermera de la guerrilla bajo la amenaza de asesinar a mis hijos si no lo hacía o si desobedecía cualquiera de sus órdenes. Me dejaron verlos hace como dos años; los encontré, aunque cariñosos, muy cambiados por el miedo o por adoctrinamiento. Le supliqué al jefe de cuadrilla para que me dejase permanecer al lado de ellos pero, como siempre hacen, se negó en redondo recordándome, eso sí, que la vida de ellos, dependía de mi comportamiento como la mía de la lealtad de ellos. Así que, aquí estoy don Manolo, sirviendo de enlace para este criminal trabajo porque, de no hacerlo, mis hijos mueren. Fíjese usted, don Manolo, usted y yo no tenemos escapatoria, o hacemos lo que ellos nos piden o perdemos lo que más amamos en nuestras vidas. Esto es lo que hacen estos “salvadores del pueblo”, estos cobardes armados, pues solo un cobarde es capaz de quitarle a alguien lo suyo amparado en el poder de intimidación de las armas. Es solo de cobardes mentirle a todo el mundo sobre sus verdaderas motivaciones y ampararse en la infame mentira de que luchan por el pueblo. El pueblo, usted lo sabe don Manolo, no necesita de criminales para salvarse; el pueblo tiene sus propias manos para salvarse con su trabajo y, si bien es cierto que en Colombia hay inequidad social, también es verdad que eso se mejora con el trabajo político persistente de los gremios obreros como se ha logrado en el mundo desarrollado y no con los crímenes de estos sicópatas que, además, solo luchan por su propio beneficio despreciable y cobarde. Al menos los delincuentes comunes cometen sus fechorías como fechorías y no andan escondidos tras la máscara de la lucha política. En eso, los delincuentes comunes, por tener el valor de no esconder sus fines, son mejores que estas hienas quienes con el dinero que les llega a raudales por el narcotráfico y los secuestros, compran periodistas corruptos que los publicitan en el mundo, políticos aberrados mentales que los apoyan y hasta de algunos europeos quienes en medio de una candidez que a veces luce culpable y otras produce nausea, actúan como sus valedores en el mundo. Yo pienso que quienes les apoyan por maldad o por estupidez son iguales a ellos de malos porque la bondad procede de la inteligencia. Solo los inteligentes pueden distinguir con relativa claridad el bien del mal y es de ahí de donde se desprende que, como se dice popularmente, no hay estúpido bueno. Es por eso que los malos siempre están en mayoría porque, desafortunadamente, hay en el mundo de hoy mayoría de tontos”.


Pasaron varios días más hasta que Manolo pudo completar la cifra pedida, empacaron los billetes en la maleta de Mayerling y ella, después de recibir una llamada de alguno de los guerrilleros, salió de la casa llevando el dinero. Manolo y Susana la vieron desde el balcón de la casa caminar hasta casi la esquina donde un hombre que conducía un todoterreno blanco se aparcó a su lado, la saludó como a una vieja conocida, se bajó, le ayudó a subir la maleta, le abrió la puerta para que pueda ella subir y continuaron la marcha sin prisas, a velocidad normal. Se quedaron los dos con el credo en la boca esperando la llamada que les anunciaría que Isidoro estaba libre pero el móvil no sonaba. Al día siguiente, viendo el diario, Manolo estuvo a punto de un síncope al ver una noticia ilustrada con una foto en la que informaban que una desconocida fue hallada muerta la anterior tarde en las afueras de la ciudad. Manolo y Susana no les cupo ninguna duda al ver la foto que era Mayerling. No sabían lo que hacer pero, después de deliberar y tranquilizarse hasta donde pudieron, decidieron esperar por alguna llamada de los guerrilleros.
Pasaron otros tres días sin que se sepa nada. Solo al cuarto día sonó el móvil de Manolo y él, con el corazón desbocado contestó. Era un hombre distinto al que siempre le llamó. Lo saludó sin cortesía y le soltó sin preámbulos que habían tenido que “ajusticiar” a Mayerling “por actitudes poco revolucionarias” y que, puesto que él había contribuido en ello, ahora, si quería volver a ver a su hijo, debía volver a pagar una cifra igual a la que ya había pagado. No valían ni súplicas ni argumentos pues sabían con certeza que tenía con qué hacerlo. Le daban un plazo perentorio y único de tres días. Manolo, sin ánimo suficiente y casi ya sin capacidad de razonamiento, salió pitando hacia la oficina del dueño de su competencia que hacía unos meses le había ofrecido comprarle su empresa. Negoció con la prisa del desesperado, malvendió el fruto del trabajo de toda su vida y en dos días hicieron todos los trámites necesarios. Ya con el dinero listo, recibió la llamada del “vocero”, hizo la transferencia desde su banco a una cuenta cifrada en el extranjero y esperó de nuevo con la esperanza de que por fin, después de haberles entregado a los secuestradores prácticamente todo lo que tenía iba a ver otra vez a su hijo.


Puesto que los movimientos bancarios que hizo Manolo resultaron sospechosos, la policía vino a su casa a investigarlo. Como no tuvo argumentos claros para justificarlos, después de largos pero cordiales interrogatorios se vio en la obligación de contarles lo que había ocurrido. Lo recriminaron casi con dureza por no haber acudido a ellos a tiempo e informaron de inmediato al GAULA y al ejército. Casi de inmediato hubo movilización de tropas al sector donde se presumía que hubiese podido ocurrir el secuestro. Muy rápidamente, algunos vecinos del lugar protegidos por las tropas, informaron que hacía unos veinticinco días habían visto movimientos sospechosos de gente uniformada que se había adentrado en una de las fincas cercanas. Llegaron allá y, en la casa abandonada, en el patio trasero, casi a flor de tierra hallaron el cadáver de Isidoro. Los legistas dijeron que había sido asesinado el mismo día del secuestro. Manolo dedujo que lo obligaron a hablar por el teléfono y luego lo asesinaron.


Para Manolo y Susana, ahora, estas tierras que antes les parecían el paraíso se habían convertido en un infierno que solo les evocaba la vida de Isidoro, los días de indecible angustia, la casi total ruina y la desconfianza en la gente que se les acercaba. Decidieron que lo mejor era regresar a España para intentar restañar un poco esta brutal herida. Llamaron a Gaspar Hevia quien vivía en el piso que ellos habían comprado en el barrio El Molinón de Gijón para pedirle que se lo deje libre en cuanto pueda porque necesitaban volver a vivir a España. Gaspar comprendió la urgencia y dejó libre el piso casi de inmediato. Los Vallina vendieron a precio de urgencia su casa y la finca de Corinto y con el dinero regresaron a Gijón.


Desde hace un par de meses viven en El Molinón. Susana recibe apoyo y tratamiento siquiátrico porque no logra superar su infinita pena; olvida alimentarse y con frecuencia se le oye hablar con Isidoro como si estuviese él presente. Manolo intenta con su habitual carácter recio integrarse un poco a la vida pero no sabe lo que hacer en esta ciudad que aunque seguía siendo tan suya, la encontraba ahora después de tantos años como una ciudad extraña, en la que ya nadie lo conocía y en la que sus propios paisanos lo consideraban un extranjero. Cuando llega el terapeuta a tratar a Susana, él sale a caminar y algunas veces a tomar café en el bar Antuña en la esquina de Emilio Tuya con Menéndez y Pelayo. Fue ahí donde hoy en la mañana al hojear el periódico La Nueva España vio con asombro, dolor y rabia una foto de varios jóvenes asturianos que, según ellos, en representación del Principado, viajaban a Colombia para dar apoyo a la “justa lucha de la guerrilla colombiana”. Recordó Manolo las palabras de Mayerling acerca de que la bondad procede de la inteligencia porque solo los inteligentes pueden distinguir entre el bien y el mal. Según ese irrefutable razonamiento, estos jóvenes eran malos por estupidez pero, malos al fin. Pensó Manolo: “¿Será que esta gente que nunca parece usar su raciocinio necesita sentir en carne propia la maldad de esos buitres, o será simple bellaquería?. Mira por donde resultó cierta la coplilla y al fin, acabaremos siempre molidos a palos porque los malos a secas o los malos por falta de sal en la mollera serán en todos los tiempos mayoría”.