viernes, 30 de abril de 2010

LOS ENEMIGOS DE DIOS



“ Y sé que la mano de Dios es promesa de la mía
Y sé que el espíritu de Dios es hermano del mío
Y que todos los hombres en cualquier tiempo paridos
son también mis hermanos y las mujeres
mis hermanas y amantes”

Walt Whitman


Cuando el patriarca Abraham Avinu decidió hace como 3.500 años abandonar con los suyos y sus rebaños su natal Ur de Caldea porque repudiaba la idolatría de sus paisanos, seguro que jamás imaginó que al monoteísmo que fundó en Canaán le saldría siglos después una inmensa secta derivada de su doctrina que llenaría el mundo de magníficos edificios poblados de imágenes de miles de “dioses” hechas de madera, cartón-piedra, yeso o mármol las cuales, según los sacerdotes de esta nueva forma de creer, servirían a la humanidad para todas las necesidades imaginables según su especialidad y según la fe, la veneración y las ofrendas que se les tributase.
A pesar de la ética con que vivían los monoteístas originales y de las evidencias presentadas durante siglos de que, por su fe y comportamientos lograban hacer prodigios solo atribuibles a un poder divino, el resto del “mundo civilizado” -al que hoy llamaríamos occidente- continuaba sumido en la idolatría de los más absurdos dioses inventados por visionarios, reyes, gobernantes o por los mitos populares que a fuerza de repetidos se convertían en “verdades superiores”.
En el avanzado Egipto antiguo se adoraba a dioses diversos los cuales eran representados por figuras absurdas: para citar un ejemplo, Horus era representado como un halcón al que se le atribuían poderes divinos.
En la civilización romana, además de la muy difundida mitología romana en la que figuraban cientos de dioses, había uno de particulares características que seguramente causarán asombro hoy en quienes no las conocen para ese dios, Mitra: Nació el 24 de diciembre a las 12 de la noche de una mujer virgen; después de nacer fue adorado por pastores; era llamado “El Buen Pastor”; instauró una eucaristía y sus sacerdotes iniciados usaban un gorro y un anillo como el de los obispos católicos de hoy.
Cuando se inició la era llamada cristiana, es decir hace unos dos mil años, nació y vivió en Palestina un hombre de características excepcionales que enseñó a quienes le escucharon a vivir en el amor por todos los hermanos humanos, a saber perdonar, a respetar a todas las personas sin mirar su condición social o económica, a cumplir las leyes, a vivir éticamente, a no buscar venganza, a servirle al necesitado como a un hermano, a trabajar para ganarse el pan sin intentar sacar provecho personal de la evidente veneración de sus seguidores, a decir la verdad, a no engañar, en fin, a buscar la perfección llevando una vida sincera, bondadosa y ética. Los cronistas de la época que luego escribieron sobre él dicen que era un hombre con una bondad y una mente tan esforzada y poderosa que llegó a obrar prodigios que hicieron que su prestigio llegase a ser conocido por los sacerdotes de su país los cuales, a pesar de que él nunca renegó de su religión judaica ni pretendió -como ellos afirmaban para señalarlo de blasfemo- ser El Mesías, lo acusaron ante las autoridades romanas, entonces dominadores de la Palestina y lograron que lo condenasen como a un criminal y, según dicen algunos, fuese crucificado y muerto. Este gran Maestro llamado Jehoshua Ben Josep, que se sepa, jamás dijo ser El Hijo de Dios como luego afirmaron los creadores de la nueva gran secta que llegó a llamarse catolicismo. De hecho, alguno de los llamados evangelistas (Juan 14,12-14) dice que Jehoshua dijo:
“Les aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago, y aun mayores”. De esta afirmación se puede deducir sin duda que, Si Jehoshua sabía que era el Hijo de Dios, sabía con divina seguridad que ningún hombre nacido de mujer podría llegar jamás a ser como él ni, por lo mismo, hacer las cosas que él hacía. Si sabiendo esto Jehoshua afirmaba lo que Juan dice que afirmaba, podría pensarse que Jehoshua mentía. ¿Siendo Jehoshua un Maestro que llegó a ser tan perfecto y tan ético en sus comportamientos y afirmaciones, podría presumirse que se permitiría a si mismo mentir? Evidentemente no. ¿No es más lógico y coherente con la perfección que ese hombre logró pensar que él en realidad dijo: “Puesto que soy un hombre como vosotros, y he logrado con mi fe y conocimiento de mi mismo, de mi mente y de aquello que trasciende a mi mente y a mi cuerpo hacer lo que he hecho, también vosotros, si os esforzáis como ya me he esforzado, podréis hacer lo que hago y aun cosas mayores”?
¿Quien o quienes, si no fue él quien se autoproclamó Hijo de Dios, fueron los que crearon esa doctrina del "hijo de Dios hecho hombre" para sobre ella fundar una nueva religión con retazos de otras religiones paganas? ¿No sería el romano Constantino I en asocio con los clérigos de la época quienes crearon esa gran secta que Jehoshua hubiese rechazado? ¿Acaso no se creó esa gran secta para lograr intereses políticos del Imperio y favorecer a sus valedores como hoy sigue haciéndolo? ¿No fue esa gran secta dirigida en el 1.208 por el Papa Inocencio III la que persiguió con saña asesina hasta exterminarlos, sin omitir ancianos y niños, por medio de los soldados comandados por Don Domingo de Guzmán a los cátaros (imitadores de Jehoshúa) en el Languedoc francés? ¿No fue esa gran secta la que creó la Inquisición que persiguió y asesino a miles de personas que no le convenía tanto en Europa como en el nuevo mundo recién cristianizado? ¿No es esa gran secta la que se escindió en dos (católicos y protestantes) cuando Martín Lutero se reveló contra los jerarcas porque quería y exigía más poder? ¿No esa gran secta la que en años recientes protegió a un gran delincuente financiero que llevó al suicidio a muchos europeos que perdieron sus ahorros cuando él (El obispo Paul Marcinkus) les esquilmó sus dineros? ¿No son los jerarcas y los sacerdotes de esa gran secta y de su secta hija (aunque hoy se presente como antagonista), los que inducen al hombre común en cuya alma subyace la esperanza en un Dios, los que con su hipocresía y conducta avariciosa, pecaminosa, ofensiva, amenazante y cínica, a perder la esperanza y declararse ateos? ¿ No son, por tanto, estos hombres llamados clérigos, pastores, ayatolas o como se llamen los verdaderos enemigos de Dios?.
Por estos días, un señor de apellido Castrillón, cardenal de primera importancia en El Vaticano salió a decir a propósito de la centenaria costumbre de algunos curas de pervertir y violar sistemáticamente a niños, que para estos curas pervertidos, el castigo debería ser impedirles ejercer como sacerdotes. Como quien dice que, si un peón de albañil pervierte y viola sistematicamente a niños, el castigo debería ser impedirle que siga ejerciendo como peón de albañil. ¡Eso es cinismo puro y duro!

Hay quienes profesan una fe libre y siguen lo que parece un instinto básico en el hombre, es decir, creen sinceramente que hay una divinidad que rige al universo y que se manifiesta todos los días de miles de formas en todo lo que existe y en sus vidas. Estos llaman a esa divinidad de muchas formas: Dios, Hashem, Allah, Conciencia Universal, Energía Creadora, etc. etc. Hay quienes, ante la duda, deciden declararse agnósticos alegando que no hay una certeza de la existencia o no existencia de un dios. Y hay unos terceros quienes; acosados por su aversión a los clérigos de todos los pelajes, tengan ellos mitra o turbante, hablen por medio de encíclicas o llamados a la “muerte del infiel”, o, micrófono en mano y con trasmisión televisada exhiben “milagros” mientras sus call center recaudan millonarias sumas; acaban declarándose ateos. Estos hombres que pierden la fe suelen apoyarse además en los seudo-científicos como Richard Dawkins quien usa argumentos que para muchos ingenuos parecen “irrefutables” y “demuestran” la inexistencia de alguna divinidad cuando no son más que repeticiones de obviedades que solo demuestran nuestra incipiente evolución para comprender lo trascendental. A este tipo de personas que solo buscan vender algunos o muchos ejemplares de sus libros, son a quienes solemos llamar los enemigos de Dios, cuando en realidad, los verdaderos enemigos de que el hombre moderno se aleje cada vez más de esa inefable esperanza son la clerigalla de todos los colores y de todos los tiempos. A esa cuadrilla de enemigos de Dios es a quienes se refiere el Maestro de Poble Sec cuando dice:

“Son el alma
de la alarma,
del recelo
y del canguelo.
Los chulapos
del gazapo:
Los macarras
de la moral.”

martes, 30 de marzo de 2010

CARTA ABIERTA PARA EL COMANDANTE DE LAS FARC



Señor CANO: Cuando uno lo ve a Usted en los periódicos o en los telediarios, la impresión que causa es que Usted parece una buena persona. En general Usted no tiene la arrogancia de esos cobardes armados que suelen mirar a los entrevistadores con actitud de perdonavidas y que suelen dar sus respuestas, casi siempre inspiradas no en la razón sino en el resentimiento, como si fuesen sentencias definitivas. En contraste con eso, sus respuestas son más razonadas porque parece no tener un discurso único, aprendido en los manuales “del buen revolucionario”. Parece que su formación universitaria le dejó la disciplina del estudio y la lectura y que debido a eso, como es natural en quien la tiene, sabe que en el mundo lo único constante es el cambio y que no hay ninguna doctrina, especialmente si es política, que pueda ser abrazada como única y definitiva porque no hay una sola que hayan demostrado su perfección, ni siquiera una evidente superioridad frente a las otras. Fíjese Usted en el comunismo marxista leninista: En la Unión Soviética terminó en el fracaso después de mantener por muchos años un régimen totalitario donde los jefes vivían como zares mientras el “proletariado” sufría las de Caín; donde cualquiera podía ser perseguido por el Estado por el solo hecho de pensar de manera libre; donde nadie podía decidir qué hacer con su vida profesional porque eso era decisión de un buró compuesto por unos comisarios alcohólicos a quienes nadie les importaba y cuyo único propósito era llenar bien los cartapacios del partido. Acuérdese de la República Democrática de Alemania, pueblo disciplinado, trabajador y progresista al que la Unión Soviética les impuso el comunismo y este régimen logró lo que parecía imposible: pauperizar a un pueblo que había superado la pobreza hacía lustros. Hoy, después de haber logrado retornar a la democracia y de haberse unificado con la Alemania Occidental, se repone a duras penas de los males acarreados por tanto tiempo de la “Dictadura del Pueblo”. Ni hablar de nuestra querida isla de Cuba donde un hombre como Castro, sin duda inteligente y hasta brillante pero con una clara personalidad desquiciada, ha llevado a sus habitantes a la miseria que hoy llevan ya casi sin dignidad; a la persecución de los habitantes que quieran ejercer su básico derecho de ser libres; donde la desnutrición, absurda en un país que antes nunca la conoció, hoy se ve con demasiada frecuencia; a la búsqueda desesperada de sus habitantes por salir de allí. Claro, no faltan los apologistas de la “Revolución Cubana” que dicen con orgullo que ahí, por ejemplo, no hay analfabetismo en los niveles del resto de Iberoamérica. Esa, Usted lo sabe Señor Cano, es una de esas mentiras que fácilmente se le hace creer a la masa. Todos sabemos que aun antes de Castro, es decir en los tiempos del dictador Fulgencio Batista, ya Cuba tenía los más bajos niveles de analfabetismo de este hemisferio. Es decir, ese no es un logro de la “revolución” sino una tradición en Cuba. Dirán también que en Cuba la medicina es “muy avanzada” y al alcance de todos. Alguien quizá se lo ha contado o Usted lo ha visto en Cuba que, los médicos cubanos, bienintencionados y alegres como todos los cubanos, son en realidad bastante limitados en conocimientos por haber estudiado con excesivas limitaciones y por carecer de lo más elemental para poder ejercer una buena medicina. Habrá visto por sus propios ojos que los sátrapas gobernantes viven como sultanes mientras a su pueblo le falta la sal y el agua y es perseguido y hasta encarcelado por intentar comerse una gallina que crió en su propio patio. Esa es una descripción de una revolución marxista en América. A eso es a lo que aspiran algunos gobernantes de Sudamérica como Chavez de Venezuela con su “Socialismo del Siglo XXI”; quien ha logrado que un país tan rico en recursos naturales llegue a un estado de pobreza y caos que, si no fuera porque es dramático, llegaría a ser ridículo y hasta cómico. Y con él, esos lamentables gobernantes de Bolivia, Nicaragua Ecuador y Argentina quienes solo parecen buscar, o su enriquecimiento personal, o “un sitio en la historia” para paliar las limitaciones y carencias de sus menguadas y enjutas personalidades.
No decimos, ni mucho menos, que el capitalismo sea mejor que el comunismo marxista. Son, sin duda, igualmente perversos. ¡Eso, seguro!. Pero, mientras en los sistemas totalitarios del marxismo hay que asumir la miseria sin posibilidad de marcharse, en los sistemas capitalistas puedes irte cuando quieras o cuando puedas; mientras en los estados totalitarios marxistas, otros son los que deciden sobre tu futuro, en los capitalistas puedes decidir hacer lo que quieras o lo que puedas, a veces miserablemente pero tan miserablemente como le toca a de manera obligada a la mayoría en los estados marxistas.
Señor Cano: ¿merece la pena derramar tanta sangre, crear tantas desgracias, sembrar tanto odio para intentar cambiar un sistema malo por otro que ha demostrado ser tan malo o a veces peor que el anterior?
Es comprensible que Usted, en su juventud, igual que casi todos los jóvenes haya llegado a creer de forma sincera en que la Revolución Comunista era la salvación de la humanidad y que, por tanto, bien valía cualquier sacrificio para conseguir que se instaure. Hoy, después de lo vivido y lo visto en tantas partes y con; no vamos a caer en la vanidad de decir “la sabiduría que dan los años” pero si, la prudencia y pragmatismo de la experiencia que se le parece un poco, seguramente Usted sabe claramente que eso era un camelo, un espejismo que antes que beneficiar, daña. Hoy, con seguridad Usted es ya otro rehén de su pasado, de su discurso del que ya no sabe como desdecirse, del gusto por el poder que es como una droga y de otras mil cosas que por no saber no sabemos pero, de las que algunas veces piensa en deshacerse para vivir una vida más coherente y más ajustada a su verdadera creencia y a su forma más clara de ver hoy la vida.
Usted Señor Cano, quien parece una persona inteligente y que ha cultivado su intelecto, es seguramente una persona buena con las verdaderas características del hombre bueno, ese que describió el Maestro Machado cuando dijo “en el buen sentido de la palabra bueno”. Porque la bondad es hija de la inteligencia, y nadie que haya logrado ejercerla se puede sustraer a ser bueno. Son las circunstancias de su vida las que le han llevado a vivir tomando decisiones dramáticas y a usar a veces discursos de persona malvada. Pero con seguridad Usted no aprueba ni cohonesta acciones como la masacre de Bojayá y otras muchas, ni el reclutamiento forzado de niños, ni la violación de las niñas, ni el secuestro, ni la utilización espeluznante, monstruosa e increíble de engañar a un niño para hacerlo estallar con una bomba junto a un puesto policial. Esas acciones propias solo de mentes enfermas y no de revolucionarios no pueden ser ordenadas ni aprobadas por Usted. Pero su “organización”, y Usted lo sabe, es ya una hidra de mil cabezas solo unidas por un tronco pero, con voluntades autónomas y perversas que han perdido toda ideología para hacerse pandillas de asesinos al servicio de fines criminales, quienes saben que el nombre de una organización supuestamente insurgente, les permite seguir haciendo un lucro criminal.
A Usted seguramente le duele el alma al pensar en cuántas vidas han segado, cuántos hogares han destruido, cuántas ilusiones han roto, cuánto dolor han causado, cuántos puestos de trabajo que dicen defender han destruido llevando hambre a tantos hogares, a cuántas familias han condenado a abandonar sus pagos para deambular por inhóspitas ciudades donde pierden su razón de vivir. Todo eso, ha de pensar Usted, no puede hacerse para “favorecer al pueblo”. Usted, como cualquier persona que discierna un poco, sabe que las sociedades no se salvan o se vuelven más “incluyentes, igualitarias y justas” por las armas, los discursos, las ideologías ni las religiones. Las sociedades solo cambian; y esto parece un razonamiento cínico pero es solo realista; por la evolución. Es decir, para que haya sociedades más justas, igualitarias e incluyentes, el género humano ha de cambiar su egoísta modo de ver la vida haciéndose más hermano de sus hermanos que somos todos. Pero eso no se logrará ni se ha logrado nunca con nada más que con la evolución que toma generaciones y generaciones. Ni nosotros ni los siguientes centenas de generaciones lo veremos, y cuando el género haya evolucionado suficiente para lograrlo, seguramente tendrán un nuevo horizonte que les hará pensar que su sociedad “debería de ser más incluyente, más igualitaria y más justa”.
Si Usted ha pensado en esto, ¿por qué no tomar una decisión que cambiaría la bella Colombia convirtiéndola en un país con una mayor ilusión de un futuro mejor? ¿Por qué no convertirse Usted en un héroe para su pueblo y un verdadero luchador por su bienestar, abandonando esa sangrienta e inútil confrontación? ¿Por qué no darse cuenta de una vez que ni Usted, ni las FARC ni nadie en Colombia son los verdaderos enemigos de su propio país? ¿Por qué no aceptar que los verdaderos enemigos de Colombia son los grandes cárteles mundiales que se sirven del tráfico de drogas y de armas para mantener las arcas de sus bancos llenas? O ¿ se cree Usted Señor Cano que los 750 mil millones de euros anuales que mueve el narcotráfico en el mundo y los 300 mil millones de euros anuales que mueve el tráfico de armas como las que usa su guerrilla van a parar a las manos de las FARC y unos cuantos mafiosos colombianos, afganos o chinos? ¿No será más bien que Ustedes y los traficantes comunes no son más que instrumentos de esos grandes mafiosos mundiales que desde sus Juntas Directivas y sus oficinas en los edificios de cristal de las grandes ciudades del mundo manipulan circunstancias, discursos, políticas, informaciones y contra - informaciones para mantener un estado de cosas que les hace creer a Ustedes y a todos sus manipulados que están haciendo lo que hacen de forma autónoma, cuando en realidad no son más que los comodines que les hacen el trabajo sucio para que la verdadera y gigantesca utilidad de esos negocios criminales llegue a sus manos?
Si no lo ha pensado Señor Cano, piénselo. Usted podría de verdad emancipar a su país de esos criminales mundiales quitándoles la herramienta que ellos usan para conseguir sus fines usándolos a Ustedes. Ustedes podrían ayudar a erradicar de Colombia el negocio de las drogas y de las armas convirtiendo a su país en un mal negocio para los verdaderos enemigos. Usted podría deponer las armas y hacer que su guerrilla las deponga. Su país se lo agradecería más que nada. Cuánta ilusión nacería en su pueblo cuando sepa que esa guerrilla a la que nadie apoya ha cesado sus actividades. Con ese nuevo clima, cuántos capitalistas estarían dispuestos a ir a Colombia, donde hay tantos recursos naturales y humanos a crear fuentes de trabajo. Cuánto bien podría hacerle Usted a su país. Es solo discernirlo, aceptarlo y moverse en la dirección correcta. Usted es un líder y tiene la inteligencia necesaria para convencer a sus subalternos para que lo sigan. Los que no lo seguirán, no lo han seguido nunca, así que de ellos no se ocupe, deje que de ellos se ocupe la inexorable vida.

sábado, 13 de febrero de 2010

LA COBARDÍA DEL ARMADO


Vinieron los sarracenos y nos molieron a palos,
Que Dios ayuda a los malos
Cuando son más que los buenos”
Coplilla anónima

Una historia sobre la maldad disfrazada de heroismo.


Cuando Manuel Vallina salió de su casa en Tremañes aquel 3 de febrero del 1.954 a las 5 de la madrugada, el frio húmedo del invierno asturiano calaba los huesos. Recién cumplida la mili, Manolo con sus 20 años apenas estrenados había decidido marchar a “hacer las Américas”. En La Coruña, donde hizo el servicio militar, oyó de sus compañeros que, de ese puerto y de El Musel en Gijón, salían barcos hacia Veracruz, México, que solían llevar emigrantes “por cinco rubias”. Desde el momento en que alguno de sus compañeros se lo dijo, él vio en retrospectiva su vida y pensó que nada tenía para perder. Primero se increpó a sí mismo porque, viviendo tan cerca del puerto de El Musel, no haberse enterado nunca de su posibilidad de marcharse era poco menos que ñoñez. Luego pensó en qué harían su madre Sagrario y su hermana menor Begoña sin él. Muy pronto se tranquilizó al rememorar que, viéndolo bien, no era mucho lo que les aportaba aparte de compañía. No fue fácil convencer a la madre pero, finalmente lo logró contándole que muchos de los hermanos mayores de sus compañeros de cuartel ya estaban en México y que, algunos de ellos ya habían podido llevar a sus padres y hasta a sus hermanos porque en ese país había una inmensa colonia de españoles, especialmente asturianos, muchos de los cuales habían logrado iniciar empresas exitosas que ofrecían oportunidades de trabajo para los paisanos.
Irse de casa no significaba una merma en las ayudas porque era la madre quien mantenía el hogar con el fruto de su trabajo como asistenta externa en un par de casas del barrio La Arena. Begoña estudiaba aun en el instituto y él, conseguía algunas veces cangrejos en el rio Piles y alguna que otra carpa para variar la dieta de alubias o garbanzos pero, ese aporte no se echaría demasiado en falta.
Desde que su padre dejó de trabajar y luego de que murió, la situación había sido siempre de dificultades. El padre, al morir no había podido dejar nada. Cuando surgió, siendo él aun muy joven, la complicación de la silicosis adquirida en su trabajo como picador en la mina de La Camocha, los hospitales del estado prácticamente le negaron toda atención condenándolo a una casi total invalidez y a una muerte prematura sin una pensión para su mujer ni sus huérfanos. Por esos tiempos, haber sido rojo era un sambenito que condenaba a esas y aun peores consecuencias.
Sagrario sacó de debajo de su cama la vieja espuerta de cuero atada con correas que guardaba para los supuestos viajes que nunca llegaron. La noche anterior a la partida de Manolo, puso en su interior las tres mudas de ropa, un par de botas recias que habían sido del padre y la cerró poniéndola junto a la puerta. A la hora de partir Manolo, ella, aguantando las lágrimas y sin un rictus de pena en ese noble rostro que a fuerza de pastorear dolores se había tornado de piedra, lo besó en la frente, en ambas mejillas, lo abrazó contra su pecho, le dio mil bendiciones y le aseguró que esperaría confiada sus noticias para viajar con Begoña a continuar sus nuevas vidas en esas tierras de Dios. Lo vio desde la puerta despedirse con el brazo levantado y luego, apretando los dientes y como si todo continuase igual inició los oficios de su casa para dejarla digna antes de salir también caminando hacia La Arena a trabajar como todos los días.
La dichosa espuerta pesaba más de lo que contenía y Manolo tenía que parar cada dos calles para recuperar aliento. Llegar hasta El Musel caminando llevaba tiempo y con semejante peso a cuestas se prolongaría aun más. Por suerte había decidido salir con suficiente anticipación para no llegar a tener dificultades. Tenía todos los documentos en regla y esperaba poder abordar sin contratiempos. Sin embargo, nunca sobraban las precauciones por lo que, aunque el barco zarparía a las 12 del medio día, él quería estar mucho antes de la hora.

Al llegar a Veracruz, aunque aún faltaba mucho para que empezase a despuntar la primavera, se asombró del calor que se sentía. Solo pasado un tiempo llegó a razonar que se encontraba en el trópico y que la temperatura sería casi siempre la misma en todas las épocas del año. Ayudado por algunos compañeros de viaje tomó un autobús hacia Ciudad de México donde al llegar volvió a sorprenderse por el frio que se sentía en este monstruo de ciudad.
Ciudad de México era grande, muy grande. La ciudad más grande que vio antes fue Bilbao, a donde lo llevaron siendo soldado a recibir entrenamiento como tanquista, pero esta era lo menos diez veces mayor. Y además de grande era una ciudad extraña, con unos inmensos barrios de chabolas donde la pobreza había borrado la dignidad, un centro también gigantesco en el que se veía, junto con el afán por parecer francés a veces y otras americano, un cierto esfuerzo por conseguir una identidad propia que no se lograba. Junto con esa extraña manera de irse formando, se veían también los increíbles barrios de los ricos mexicanos con sus entradas palaciegas, con caminos bordeados de palmeras, con garitas para vigilantes, con aparcaderos para varios coches y con lujos que parecían dispuestos para contrastar absurdamente con la lastimera pobreza del otro lado de la ciudad. No le gustó ni el frio constante, ni la congestión del tráfico, ni la manera de ser de su gente, siempre amable con las palabras pero agresiva en el comportamiento. Pensó que, en cuanto fuera posible, se buscaría un nuevo destino menos denso y más acorde con su querida Asturias. Al día siguiente de su llegada ya había conseguido trabajo en la fábrica de zapatos de don Hermenegildo Álvarez, asturiano de Ribadesella que lo empleó como ordenanza. Sin embargo, debido a su disposición y ánimo, muy pronto don Hermenegildo lo pasó a ayudante de máquinas cortadoras, luego a oficial de máquinas cortadoras, después a aprendiz de capelladas, y así, en dos años de trabajo ya había aprendido casi todo el oficio y era uno de los obreros preferidos del Señor Álvarez quien un día, sin más lo invitó a comer “les fabes” el domingo a su casa. Ese día, con la sidra y el coñac tomados, Manolo se sintió con los bríos para contarle a don Hermenegildo sus ilusiones y sus penas; su falta de gusto por la ciudad y sus ganas de encontrar un lugar mejor en el que vivir, trabajar y poder traer a su madre y hermana que aún estaban en España. Casi como si fuese un milagro, don Hermenegildo le soltó que hace un par de años, él y su hermano Aurelio habían iniciado una fábrica de zapatos en Cali Colombia, en Sudamérica y que, puesto que, por no haber no había buenos maestros zapateros en esa ciudad, les era indispensable encontrar uno que les ayudara. Aclaró don Hermenegildo que no llegaba a considerar a Manolo un maestro zapatero, pero si con la suficiente habilidad para suplir el cargo y, si estaba de acuerdo, eso de irse a otro lado, estaba hecho. Le habló de Colombia y de Cali donde no había muchos paisanos pero, en compensación su gente era más amable y dispuesta a entenderse con ellos y con una especial simpatía por los españoles y a quienes no se les ocurriría ni por broma llamarles “cachupines” como si lo hacían estos “jodidos chilangos”.

Fue decir y hacer, pues solo dos semanas después de esta conversación, Manolo llegaba a Cali, Colombia, para empezar a trabajar como Jefe de la pequeña planta de producción de zapatos que regentaba don Aurelio Álvarez. Cuánto empeño puso en su trabajo, cuánta ilusión le hacía ver la fábrica crecer como crecía. Cuánta alegría le producía vivir en esta ciudad tan cálida en la que la gente respetaba su trabajo y su orden y le daba un trato especial, casi mejor que el que se daban entre sí, solo por el hecho de ser español. A veces pensaba que era verdad que había llegado a “la Sucursal del Cielo” como llamaban de forma rimbombante los caleños a su ciudad. Todo funcionaba para Manolo, el trabajo, el dinero, las amistades y hasta el amor. Muy pronto conoció a Susana Zaldúa, hija de un vasco emigrado hace años, con la que entabló relaciones serias que acabarían en matrimonio. Dos años tardó en tener lo suficiente para traer a su madre Sagrario y a su hermana Begoña, y ocho más en tener la experiencia suficiente y los ahorros bastantes para iniciar, con la aprobación y apoyo de los hermanos Álvarez, su propia pequeña fábrica de zapatos a la que bautizó, cómo no, Calzado Vallina. De allí en adelante, según eran los recuerdos de Manolo, fue una casi ininterrumpida cadena de éxitos y alegrías con algunas pocas penas. Las alegrías fueron muchas y muy grandes como el crecimiento de la empresa, la creación de una pequeña cadena de tiendas propias, el matrimonio de Begoña con un ingeniero canadiense que vino a trabajar con una empresa de aluminios con quien luego marchó a vivir a Inglaterra, la compra de la finca campestre en Corinto, pequeño pueblito cercano a Cali, donde en diciembre hacían la matanza y celebraban con chorizos y buen tocino con los amigos. Pero la alegría más grande fue cuando llegó por fin al hogar el único hijo después que llegaron a creer con Susana que no podrían tener descendencia. Como Isidoro bautizaron al guaje en honor y recuerdo del padre de Sagrario. El chaval, además de buen estudiante y hombre alegre, salió como el padre, buen trabajador. Si Manolo había logrado con su tesón, habilidad y trato respetuoso y justo para sus trabajadores hacer de Calzado Vallina una empresa en la que todos querían trabajar, Isidoro, cuando empezó a administrarla, conservando todo lo bueno, la había mejorado con nuevas tecnologías, mejores sistemas productivos y capacitación constante para sus trabajadores.

Las penas, aunque pocas habían sido enormes. La primera, la muerte de Sagrario de una embolia en una clínica de la ciudad. A pesar de sus 84 años, Sagrario gozaba de buena salud y mejor ánimo por lo que nadie esperaba que muriera así, de repente. El dolor fue grande pero, casi podía considerarse soportable comparado con el que les trajo la tragedia que empezó la mañana en que Isidoro, yendo hacia la finca de Corinto, fue secuestrado por los guerrilleros de las FARC. Esa misma tarde llamaron por teléfono al móvil de Manolo para hacerle oír a Isidoro quien le informó que lo habían secuestrado pero que estaba físicamente bien y le pidió que por favor intentase llegar a un acuerdo con sus captores para salvar la vida. Los secuestradores le dijeron que si informaba a las autoridades, asesinarían de inmediato a Isidoro y le aseguraron que, tanto el teléfono de la casa como los de la empresa y también los móviles de él y de Susana su esposa, estaban intervenidos pues ellos contaban con colaboradores en las Empresas Públicas de Cali y en el DAS de tal manera que podrían darse cuenta de inmediato de cualquier “mala jugada” que intentara. Manolo y Susana decidieron callar y negociar para salvar a su hijo por quien estaban dispuestos a lo que hiciera falta. Dos días después llamaron para fijar la cifra que debían pagar por la libertad de Isidoro. No quisieron ni siquiera oír que era demasiado dinero argumentando escuetamente que era pagar esa cifra o perder su hijo la vida. Eso sí, se hacían cargo que la cifra no podría estar lista en pocos días, así que, enviarían a su casa una enfermera de sus “filas” que actuaría como monitora para que se cumplan todas las promesas que don Manolo hacía. Puesto que no debía volver a trabajar a su fábrica, era prudente hacer saber que doña Susana estaba enferma y que la enfermera y él se ocuparían de su salud. Recalcaron la seguridad de la muerte de su hijo en caso de cualquier movimiento o intento “sospechoso”. La enfermera debía ser hospedada en la casa y supervisaría que diariamente se hagan los retiros, ventas o préstamos necesarios para que, en un plazo de 15 días se tenga la cantidad pedida como rescate. Efectivamente, al día siguiente llegó una señora que se identificó como Mayerling Blandón con indumentaria de enfermera y con una maleta grande; dijo ser la enviada de las FARC, pidió ver su alojamiento y le comunicó a don Manolo las condiciones y plazos en que se debían cumplir las órdenes de la “organización”. Manolo noto que no se expresaba con el énfasis de una guerrillera convencida y empezó a pensar la forma de sonsacarle información. Seguía la rutina diaria establecida desde el secuestro de Isidoro, es decir, salir de casa, ir a los bancos a retirar dinero de préstamos, retirar los dineros producto de las ventas de algunas propiedades, convertir a efectivo los dineros que había invertido en acciones de bolsa y llevar cada vez esas sumas para contarlas con Mayerling, sumar para saber cuánto se aproximaban a la cifra pactada y, algunas veces, con el previa autorización de ella quien esperaba primero ser llamada por su móvil por su jefe para que este valide la autorización, pasar brevemente por la fábrica y alguna de las sucursales de sus negocios para enterarse de la marcha de estos.
Uno de esos días en que el “vocero de la organización” llamó a Manolo para urgirlo por el pago, éste aprovechando que Mayerlig estaba presente durante todas sus conversaciones, dejo abierto en su móvil el dispositivo que permitía que se oiga lo que decía la persona del otro lado de la línea. Por esos tiempos, esos dispositivos no eran nada frecuentes en los aparatos móviles y él lo había adquirido a un precio elevado. Puso en marcha un plan que había fraguado y tiró de la lengua del guerrillero diciéndole que él temía que, puesto que Mayerling debía tener algún antecedente judicial, las autoridades podían estar siguiéndola y podían capturarla. Le enfatizó que a él le preocupaba si eso llegase a pasar porque ellos podrían pensar que fue él quien la denunció y podrían matar a su hijo. El hombre respondió con una risa de cinismo y tranquilidad agregando que no debía preocuparse puesto que Mayerling no tenía ningún elemento ni documento que pudiesen identificarla como miembro de las FARC y que, en caso de que la detuviesen las autoridades, ante el riesgo de que se vaya de la lengua, ellos actuarían de inmediato haciendo que alguno de sus contactos que tenían en todas partes la silencie “definitivamente” el mismo día de su detención. Manolo le preguntó si Mayerling sabía esto y el hombre respondió que no era necesario y que, para ellos, “la seguridad de la organización estaba por encima de la vida de una sola persona”. Después de rogar por alguna comunicación con Isidoro, recibir la misma dura negativa de siempre y prometer tener el dinero lo más pronto posible, cerró la comunicación y se quedó mirando en silencio a Mayerling quien, también en silencio, parecía cavilar con la mirada baja. Finalmente, ella levantó la cara y Manolo pudo ver sus ojos llenos de lágrimas. En circunstancias normales, habría respetado el momento por el que pasaba Mayerling pero, las actuales en las que estaba en juego la vida de su hijo ameritaban cualquier estrategia por dura que pareciese. Así que atacó a fondo intentando aprovechar el momento de debilidad de la enfermera. Con el mejor tono de consideración le preguntó cómo podía colaborar con esa gente que no respetaba ni la libertad, ni los bienes, ni la tranquilidad y ni siquiera la vida de nadie incluida la de ella. Por qué no decidía ayudarle a él para que por lo menos estos asesinos le dejasen hablar con su hijo para saber que estaba bien. Le recordó ya con tono enfático lo que ella había visto en su casa en la que solo había dedicación al trabajo, consideración para los trabajadores, dadivosidad con los pobres, ayuda desinteresada para todo el que se acercaba a ellos, todo, menos eso de lo que le acusaban los guerrilleros cuando la hablaban por teléfono, de rico avaro, explotador de los trabajadores, discriminador, y aprovechador de los pobres colombianos. Mayerling contestó lentamente, como escogiendo las palabras. Le confirmó que era verdad que ella había podido comprobar que don Manolo y su familia eran unas muy buenas personas y que si pudiese, haría lo que fuese necesario pero que no le era posible. Luego le soltó una historia que a don Manolo lo dejó de piedra: “Mire don Manolo, le dijo, estos desgraciados son una banda de criminales depravados a los que solo les interesa el dinero. No es verdad que sean una guerrilla con un ideal político ni que quieran conseguir un cambio en las políticas sociales del país ni favorecer a los pobres. Quizá eso fue verdad hace muchos años pero, hoy eso se ha perdido porque saben que nunca van a lograr nada ni les interesa. Hoy son solo cultivadores, procesadores y traficantes de cocaína; secuestradores y asesinos de todo aquel que tenga dinero o amenace su organización criminal. Los grandes jefes son protegidos por gente de su confianza a quien le dan parte importante de sus inmensas y criminales ganancias para mantenerlos a su lado y en lealtad convirtiéndolos en millonarios; de ahí para abajo, los jefes de frente, reciben también una buena participación por mantener transitables los corredores para el tráfico. Reciben armas y suministros resultantes del canje por cocaína con los traficantes y, para que puedan conseguir sus propios recursos, han recibido de sus jefes el visto bueno para secuestrar y lucrarse de ese feroz delito puesto que ellos, los jefes, tienen suficiente y más con el tráfico de drogas. Estos, los jefes de frente, tienen también su “cinturón de seguridad” conformado por los más sanguinarios a quienes les comparten sus ganancias con el mismo propósito que tienen sus jefes, de mantenerlos en lealtad. Los guerrilleros rasos, hombres y mujeres, son en general unos pobres muchachos que han llegado a la guerrilla por un sueldo de miseria o han sido reclutados a la fuerza, quienes permanecen expuestos a todo, desde el hambre y el frio, hasta la violación por parte de los “jefazos” quienes, para evitar su deserción o fuga, los mantienen en un régimen de terror absoluto. Al menor incidente que a juicio de uno de sus desalmados jefes sea considerado intento de fuga, deserción, falta de “fervor revolucionario” o lo que sea, son esos mismos chacales quienes obligan a sus propios compañeros a fusilarlos a la vista de todos para mantener el terror y la obediencia. Igual los amenazan y cumplen sus amenazas de asesinar a sus familiares más queridos si se discrepa o se desobedecen las órdenes. Yo misma fui secuestrada junto a mis dos hijos de 13 y 15 años en el ataque que la banda hizo hace tres años al Alto Naya donde ejercía como enfermera. Me separaron de ellos y a mí me obligaron a servir como enfermera de la guerrilla bajo la amenaza de asesinar a mis hijos si no lo hacía o si desobedecía cualquiera de sus órdenes. Me dejaron verlos hace como dos años; los encontré, aunque cariñosos, muy cambiados por el miedo o por adoctrinamiento. Le supliqué al jefe de cuadrilla para que me dejase permanecer al lado de ellos pero, como siempre hacen, se negó en redondo recordándome, eso sí, que la vida de ellos, dependía de mi comportamiento como la mía de la lealtad de ellos. Así que, aquí estoy don Manolo, sirviendo de enlace para este criminal trabajo porque, de no hacerlo, mis hijos mueren. Fíjese usted, don Manolo, usted y yo no tenemos escapatoria, o hacemos lo que ellos nos piden o perdemos lo que más amamos en nuestras vidas. Esto es lo que hacen estos “salvadores del pueblo”, estos cobardes armados, pues solo un cobarde es capaz de quitarle a alguien lo suyo amparado en el poder de intimidación de las armas. Es solo de cobardes mentirle a todo el mundo sobre sus verdaderas motivaciones y ampararse en la infame mentira de que luchan por el pueblo. El pueblo, usted lo sabe don Manolo, no necesita de criminales para salvarse; el pueblo tiene sus propias manos para salvarse con su trabajo y, si bien es cierto que en Colombia hay inequidad social, también es verdad que eso se mejora con el trabajo político persistente de los gremios obreros como se ha logrado en el mundo desarrollado y no con los crímenes de estos sicópatas que, además, solo luchan por su propio beneficio despreciable y cobarde. Al menos los delincuentes comunes cometen sus fechorías como fechorías y no andan escondidos tras la máscara de la lucha política. En eso, los delincuentes comunes, por tener el valor de no esconder sus fines, son mejores que estas hienas quienes con el dinero que les llega a raudales por el narcotráfico y los secuestros, compran periodistas corruptos que los publicitan en el mundo, políticos aberrados mentales que los apoyan y hasta de algunos europeos quienes en medio de una candidez que a veces luce culpable y otras produce nausea, actúan como sus valedores en el mundo. Yo pienso que quienes les apoyan por maldad o por estupidez son iguales a ellos de malos porque la bondad procede de la inteligencia. Solo los inteligentes pueden distinguir con relativa claridad el bien del mal y es de ahí de donde se desprende que, como se dice popularmente, no hay estúpido bueno. Es por eso que los malos siempre están en mayoría porque, desafortunadamente, hay en el mundo de hoy mayoría de tontos”.


Pasaron varios días más hasta que Manolo pudo completar la cifra pedida, empacaron los billetes en la maleta de Mayerling y ella, después de recibir una llamada de alguno de los guerrilleros, salió de la casa llevando el dinero. Manolo y Susana la vieron desde el balcón de la casa caminar hasta casi la esquina donde un hombre que conducía un todoterreno blanco se aparcó a su lado, la saludó como a una vieja conocida, se bajó, le ayudó a subir la maleta, le abrió la puerta para que pueda ella subir y continuaron la marcha sin prisas, a velocidad normal. Se quedaron los dos con el credo en la boca esperando la llamada que les anunciaría que Isidoro estaba libre pero el móvil no sonaba. Al día siguiente, viendo el diario, Manolo estuvo a punto de un síncope al ver una noticia ilustrada con una foto en la que informaban que una desconocida fue hallada muerta la anterior tarde en las afueras de la ciudad. Manolo y Susana no les cupo ninguna duda al ver la foto que era Mayerling. No sabían lo que hacer pero, después de deliberar y tranquilizarse hasta donde pudieron, decidieron esperar por alguna llamada de los guerrilleros.
Pasaron otros tres días sin que se sepa nada. Solo al cuarto día sonó el móvil de Manolo y él, con el corazón desbocado contestó. Era un hombre distinto al que siempre le llamó. Lo saludó sin cortesía y le soltó sin preámbulos que habían tenido que “ajusticiar” a Mayerling “por actitudes poco revolucionarias” y que, puesto que él había contribuido en ello, ahora, si quería volver a ver a su hijo, debía volver a pagar una cifra igual a la que ya había pagado. No valían ni súplicas ni argumentos pues sabían con certeza que tenía con qué hacerlo. Le daban un plazo perentorio y único de tres días. Manolo, sin ánimo suficiente y casi ya sin capacidad de razonamiento, salió pitando hacia la oficina del dueño de su competencia que hacía unos meses le había ofrecido comprarle su empresa. Negoció con la prisa del desesperado, malvendió el fruto del trabajo de toda su vida y en dos días hicieron todos los trámites necesarios. Ya con el dinero listo, recibió la llamada del “vocero”, hizo la transferencia desde su banco a una cuenta cifrada en el extranjero y esperó de nuevo con la esperanza de que por fin, después de haberles entregado a los secuestradores prácticamente todo lo que tenía iba a ver otra vez a su hijo.


Puesto que los movimientos bancarios que hizo Manolo resultaron sospechosos, la policía vino a su casa a investigarlo. Como no tuvo argumentos claros para justificarlos, después de largos pero cordiales interrogatorios se vio en la obligación de contarles lo que había ocurrido. Lo recriminaron casi con dureza por no haber acudido a ellos a tiempo e informaron de inmediato al GAULA y al ejército. Casi de inmediato hubo movilización de tropas al sector donde se presumía que hubiese podido ocurrir el secuestro. Muy rápidamente, algunos vecinos del lugar protegidos por las tropas, informaron que hacía unos veinticinco días habían visto movimientos sospechosos de gente uniformada que se había adentrado en una de las fincas cercanas. Llegaron allá y, en la casa abandonada, en el patio trasero, casi a flor de tierra hallaron el cadáver de Isidoro. Los legistas dijeron que había sido asesinado el mismo día del secuestro. Manolo dedujo que lo obligaron a hablar por el teléfono y luego lo asesinaron.


Para Manolo y Susana, ahora, estas tierras que antes les parecían el paraíso se habían convertido en un infierno que solo les evocaba la vida de Isidoro, los días de indecible angustia, la casi total ruina y la desconfianza en la gente que se les acercaba. Decidieron que lo mejor era regresar a España para intentar restañar un poco esta brutal herida. Llamaron a Gaspar Hevia quien vivía en el piso que ellos habían comprado en el barrio El Molinón de Gijón para pedirle que se lo deje libre en cuanto pueda porque necesitaban volver a vivir a España. Gaspar comprendió la urgencia y dejó libre el piso casi de inmediato. Los Vallina vendieron a precio de urgencia su casa y la finca de Corinto y con el dinero regresaron a Gijón.


Desde hace un par de meses viven en El Molinón. Susana recibe apoyo y tratamiento siquiátrico porque no logra superar su infinita pena; olvida alimentarse y con frecuencia se le oye hablar con Isidoro como si estuviese él presente. Manolo intenta con su habitual carácter recio integrarse un poco a la vida pero no sabe lo que hacer en esta ciudad que aunque seguía siendo tan suya, la encontraba ahora después de tantos años como una ciudad extraña, en la que ya nadie lo conocía y en la que sus propios paisanos lo consideraban un extranjero. Cuando llega el terapeuta a tratar a Susana, él sale a caminar y algunas veces a tomar café en el bar Antuña en la esquina de Emilio Tuya con Menéndez y Pelayo. Fue ahí donde hoy en la mañana al hojear el periódico La Nueva España vio con asombro, dolor y rabia una foto de varios jóvenes asturianos que, según ellos, en representación del Principado, viajaban a Colombia para dar apoyo a la “justa lucha de la guerrilla colombiana”. Recordó Manolo las palabras de Mayerling acerca de que la bondad procede de la inteligencia porque solo los inteligentes pueden distinguir entre el bien y el mal. Según ese irrefutable razonamiento, estos jóvenes eran malos por estupidez pero, malos al fin. Pensó Manolo: “¿Será que esta gente que nunca parece usar su raciocinio necesita sentir en carne propia la maldad de esos buitres, o será simple bellaquería?. Mira por donde resultó cierta la coplilla y al fin, acabaremos siempre molidos a palos porque los malos a secas o los malos por falta de sal en la mollera serán en todos los tiempos mayoría”.

domingo, 3 de enero de 2010

¿HACIA DONDE VA IBEROAMÉRICA?

No se puede engañar a una persona educada.”
Carlos FUENTES




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Si se echa hoy un vistazo al panorama político de Iberoamérica se ve que México, Chile, Colombia, Perú, Panamá, Costa Rica, República Dominicana, Puerto Rico, Brasil, Uruguay (hasta hoy) y quizá El Salvador son países gobernados por personas a quienes se les puede reconocer como estadistas por sus trayectorias y/o preparación académica. Sin embargo, otros países de la región como Argentina, Ecuador, Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Paraguay, Cuba, Haití, y Guatemala son regímenes dirigidos por gobernantes que, si bien casi todos han sido elegidos o reelegidos en elecciones supuestamente democráticas, son presidentes que, en el mejor de los casos solo puede decirse de ellos que son políticos habilidosos. Eso, desde luego, si se mira lo positivo porque, si se analizan los aspectos negativos de esos personajes, las conclusiones pueden ir desde lo triste hasta lo dramático.

Tomando solo algunos ejemplos de la catadura de esos gobernantes “populares”, vemos que, por ejemplo, el presidente de Nicaragua, uno de los tres países más pobres del mundo, el señor ORTEGA, dedica su tiempo, no a buscar soluciones para los dantescos problemas de hambre, desnutrición, insalubridad, ignorancia, abandono y miseria del 80% de los nicaragüenses. No, el señor ORTEGA parece pensar que todos esos problemas se resuelven dando prolongados discursos ante concurrencias de personas famélicas llevadas con el señuelo de comida y bebida gratuita. En esos discursos cantinflescos, ORTEGA truena contra el “Imperio” y hace las loas del “Socialismo del Siglo XXI”, un batiburrillo de ideas entre marxistas, peronistas, sandinistas, “quinchobarriletistas”, chavistas, maoístas y un largo e hilarante etcétera por su incoherencia y falta de contenido práctico. Este señor ignora olímpicamente la situación lamentable de Nicaragua y sus pobladores pero, permanece en el poder apalancado por los regalos venezolanos, regalos que llegan a costa de las indecibles penalidades del propio pueblo venezolano.
En Managua, basta recorrer los alrededores de las oficinas del gobierno para comprobar que, en medio de la pobreza evidente de los nicaragüenses, los funcionarios, militares de alguna graduación y personas cercanas al régimen gozan de todos los privilegios por su indumentaria, aspecto saludable – aunque generalmente obeso -, (una rareza en este país ), los coches lujosos en que se movilizan y el alegre desparpajo con que viven. Cuando se ve esto, no se puede evitar pensar que la corrupción es una forma de vida permitida y/o auspiciada por el gobierno.
Quizá una prueba de que la ética no es una norma de conducta para los gobernantes de este país es que, desde hace ya más de tres años, la hijastra de ORTEGA ha denunciado ante todo el mundo que éste la violó desde su niñez. Sin embargo, no hay en Nicaragua ningún proceso que se ocupe del tema porque, hasta el Poder Judicial y los medios de comunicación (con contadas y heroicas excepciones) hacen parte de la corte de aduladores subvencionados del gobierno.

Otra muestra de este pintoresco grupo de gobernantes es Cristina FERNANDEZ de Argentina quien llegó al poder cuando su esposo Néstor KIRCHNER siendo presidente, puso al servicio de su elección, no solo recursos del Estado sino el aparato gubernamental y, a decir de muchos argentinos muy enterados, los propios escrutinios. Doña Cristina, hay que reconocerlo, no es la culpable de la tremenda crisis económica a la que llegó Argentina por causa de una desafortunada secuencia de gobernantes incapaces con la guinda del pastel que fue el inefable Carlos MENEM. Sin embargo, ella con su compadrazgo con los “revolucionarios” iberoamericanos y su resentido discurso montonero en contra de los capitalistas sostenedores del aparato productivo, ha sido capaz de llevar a la Argentina, el mejor productor de carne del mundo a una escasez de carne, paradoja casi imposible que se hizo realidad por la torpeza verbal y la irresponsable tozudez seudosocialista de esta nueva “justiciera”, quien junto a su esposo no han podido explicar fuera de toda duda cómo lograron incrementar su patrimonio familiar en 9 millones de dólares en medio de tan grave crisis económica.
Quien conozca Buenos Aires desde hace algunos años podrá testificar que, si bien allí como en cualquier ciudad del mundo ha habido siempre pobreza, esta nunca fue tan visible como ahora cuando se ven con enorme Y dolorosa frecuencia familias enteras de bonaerenses a quienes se les nota un mejor reciente pasado, durmiendo en las calles al abrigo de cartones y suplicando por unas monedas.
A doña Cristina, la miseria de algunos argentinos no debe de importarle mucho porque, para llegar al “Socialismo del Siglo XXI”, habrá que pasar algunas angustias, ajenas claro, porque ella se moviliza desde su casa campestre hasta la Casa Rosada en helicóptero de última tecnología, usa ropa de los mejores modistos del mundo y perfumes de alto costo y mejor aroma. ¡Así, cualquiera!
Ella, con seguridad piensa como el poeta Eugenio EVTUSHENKO en los tiempos de la Unión Soviética. A este señor, alguien le preguntó si él era comunista, a lo que respondió con cinismo: “Claro que lo soy: se puede ser comunista marxista leninista cuando se puede comer caviar ruso y beber champan francés:” Así deben de pensar también Fidel y Raúl, “dueños” de Cuba a quienes cincuenta años de hambre, miseria y persecución para los famélicos cubanos de hoy les parece poco para la “construcción de la gloriosa revolución cubana”.

MORALES el gobernante de Bolivia, ha llevado a ese país a que los departamentos más desarrollados busquen con afán independizarse para seguir su camino por fuera de esa nación que parece marchar al desastre de la mano de un presidente que no sabe si España es un reino o una república, que muestra como una salvación para la economía de su país la exportación de hojas de coca a Argentina y Chile, un hombre “cocalero” como él mismo se autodenomina. Uno se pregunta:
¿Sabrá este hombre, como lo sabe cualquier boliviano, que la hoja de coca que consumen los indígenas se cultiva y cosecha en cantidades más que suficientes en la huerta casera de no más de cincuenta metros cuadrados? ¿Por qué insistirá ahora en que los campesinos deben poder cultivar coca en extensiones hasta de dos hectáreas por familia? No será porque piensa que el consumo de mate en Argentina va a subir tan exponencialmente, es de creer. Sin embargo, es posible que así piense ateniéndonos a la clase de procesos mentales que revelan el contenido de sus discursos tan inconexos y repetitivos.

No vamos a referirnos en este escrito a todos los presidentes “revolucionarios” de Iberoamérica, pero, de quien no hemos de prescindir es del increíble presidente de Venezuela Hugo CHAVEZ. De él suele decir la gente que está loco. Pero, loco es quien ha perdido la razón, es decir, quien alguna vez tuvo razón pero la perdió. En el caso de CHAVEZ, según lo que él mismo ha contado en sus kilométricos y tristemente jocosos discursos televisados, su propia madre decía que nunca tuvo un ápice de razón. Quien nunca ha tenido razón no puede perderla; por lo tanto, CHAVEZ no es loco. Y si no es loco, ¿entonces qué es? Cretino es quizá un calificativo irreverente para un Jefe de Estado lo mismo que imbécil. ¿Cuál sería entonces la palabra que describa su casi ridícula bravuconería, su discurso resentido, su histrionismo devaluado y su afán de parecerse a BOLIVAR con quien no comparte ni su educación, ni su procedencia socio cultural, ni su estilo, ni su valor y ni siquiera su raza?
El Doctor MARCHANT, presidente de la Sociedad de Psiquiatría de Argentina (una de las más prestigiosas del mundo) ha dicho recientemente en un programa de televisión que, para él, CHAVEZ es un psicópata, es decir alguien que tiene la psiquis enferma. Ha aclarado el Doctor MARCHANT que seguramente CHAVEZ no es un psicópata grave pero, es un psicópata al fin. Que no es un loco porque tiene claro qué quiere y cómo conseguirlo.
Es claro que, lo que un psicópata quiere puede llegar a ser peligroso para la sociedad. Más aun cuando tiene en sus manos poder y dinero con lo que conseguir sus fines. Esto, CHAVEZ lo ha demostrado hasta la saciedad. Con el dinero del petróleo venezolano que fluye como un rio caudaloso, ha ido logrando granjearse la amistad de algunos presidentes sin capacidad, sin ideas, sin programas y con poca vergüenza con los que ha formado un club de admiradores que lo secundan en sus cómicas embestidas contra “el imperio” y en sus descabelladas ideas de hacer, en el siglo XXI de la Aldea Global, una Iberoamérica autárquica.
Por medio de un asistencialismo castrante que no exige otra cosa que el apoyo a sus “políticas” ha logrado el apoyo de una precaria mayoría venezolana. Todos sabemos que Venezuela nunca hizo un uso racional de sus enormes recursos monetarios por las entradas del petróleo y que, a pesar de ellos, mantuvo hasta un 50% de su población en los límites de la pobreza. Pues ese 50% es ahora el capital político de CHAVEZ pues, con el caudal petrolero prácticamente les suministra comida, servicios y vivienda sin que tengan que pagar y por lo tanto que trabajar para procurarse su sustento. Esa masa de “revolucionarios bolivarianos” junto a los funcionarios y militares que reciben las mayores prebendas jamás vistas en ese país, son quienes con las armas que el mismo Estado les ha proporcionado, están dispuestos a defender a sangre y fuego el “Socialismo del Siglo XXI” que no tiene otra base ideológica que la psicopatía de CHAVEZ.
En diez años del gobierno chavista, Caracas se ha convertido en la capital sudamericana con el más alto índice de asesinatos y atracos callejeros. Venezuela ha pasado a ser calificada como el país con la deuda externa más riesgosa del mundo. Sin embargo, CHAVEZ continúa desde la televisión haciendo aspavientos sobre los “logros” de su gobierno; continúa “matoneando” a los gobiernos vecinos que intenten cuestionar su incontinencia e incoherencia verbal; continúa subvencionando los fracasos económicos de los gobiernos de sus aliados a costa del atraso cada vez más evidente de su propio país que hoy ha perdido hasta el 40% de su capacidad productiva de petróleo y muestra el deterioro lamentable de su infraestructura industrial y urbana. Venezuela hoy ha perdido más del 50% de la inversión industrial por la absurda persecución que CHAVEZ ha desatado contra los industriales. Es decir, la Venezuela chavista ha logrado lo que parecía imposible: demostrar que los gobiernos anteriores a CHAVEZ, casi todos incapaces, miopes, irresponsables y corruptos, fueron, comparados con este, excelentes.

Si necesitas que te hagan una chaqueta, lo obvio es que busques un sastre, pero, si se te ocurre buscar para ello un fontanero, por buena voluntad que él tenga de hacerla, la hará absurdamente mal. Pues igual, si un pueblo necesita un gobernante, ha de elegir un estadista porque si elige por ejemplo, un militar, un cura, un sindicalista campesino, un payaso o una pretenciosa ama de casa, su gobierno, obviamente ha de ser absurdamente malo

¿Por qué en Iberoamérica estos caudillitos de opereta se eligen y permanecen en el poder? La respuesta no puede estar sino en la mala y escasa educación de buena parte de su población. Como dijo uno de los más grandes intelectuales del mundo, el mexicano Carlos FUENTES, “no se puede engañar a una persona educada” y, desde luego, menos a un pueblo educado. Pero en Iberoamérica, la educación estatal que sigue siendo escasa, la poca que existe ha caído en manos de los educadores sindicalizados que piensan más en lograr sus privilegios casi pecaminosos en una sociedad tan necesitada, antes que en procurar mejorarse a sí mismos y a mejorar la calidad de la educación que imparten, que cada día es peor. Se entiende por tanto que, unos pueblos mal educados, sean fácil presa para estos charlatanes tan peligrosos.


Cuando nos preguntamos hacia dónde va Iberoamérica, esta tragicómica visión del continente nos hace recordar la frase que dicen que dijo un político mexicano ante la multitud: “Compatriotas: nos encontramos todos en el borde mismo de un profundo abismo. Os invito a que demos un paso adelante”.

sábado, 12 de diciembre de 2009

LA FIESTA BRAVA.


“¡Oro, seda, sangre y sol…. la fiesta brava en todo su esplendor!” gritaba el hombre ayudado por un altoparlante por las calles del barrio cartagenero de Manga a las 2 de la tarde con un calor de 40 grados, mientras los niños jugaban “boletrapo” y los adultos reían a carcajadas de sus ocurrencias caribeñas. De esta manera solían anunciarse las corridas de toros que se programaban para las fiestas de diciembre en la Plaza de la Serrezuela. Recuerdo que a mí me impresionaba que se anunciase como una fiesta el espectáculo sangriento de cansar y herir hasta la muerte a un toro mientras la gente da gritos de satisfacción y bebe para celebrarlo. Pensaba que si éramos capaces de vivir eso como una fiesta, era porque aun no habíamos salido de la barbarie y seguíamos siendo un pueblo de salvajes.

Hoy, cuando han pasado tantos años, al evocar la frase con que promocionaban las corridas, he pensado que quizá, la misma serviría para describir la trágica realidad que vive Colombia por cuenta de la guerrilla, los paramilitares, el narcotráfico y la corrupción. A ver si me explico:

ORO, en forma del río de dinero que corre a raudales de mano en mano de guerrilleros-narcotraficantes, paramilitares-narcotraficantes, narcotraficantes a secas y de los corruptos que los inducen, auspician, sustentan, patrocinan, explotan o simplemente alcahuetean. Ya sabemos quiénes son estos corruptos: Los grandes conglomerados económicos mundiales que se lucran de los 700 mil millones de euros anuales que produce el narcotráfico de los cuales, solo un pequeñísimo porcentaje llega a los actores primarios. Ellos, los GRANDES CORRUPTOS MUNDIALES son quienes inducen, auspician, sustentan y patrocinan la guerra y el narcotráfico para mantener en funcionamiento sus grandes entidades financieras y, de paso, el negocio de unos de sus mejores clientes: los fabricantes y traficantes de armas. Ellos saben que, una vez que han logrado convencer a unos idiotas útiles para que inicien una guerra de guerrillas, será, como ha sido, fácil convertirlos en narcotraficantes. Saben además que, con esta parte de su estrategia funcionando, el siguiente paso es mover sus tentáculos y manipulaciones para organizar un grupo de contraguerrilla (paramilitares) que los combata al que, a su vez, en poquísimo tiempo convierten en narcotraficantes. Y claro, en un país como Colombia, proclive a la violencia y al dinero fácil, no es extraño encontrar delincuentes comunes dispuestos a traficar. También están por supuesto, los corruptos locales, quienes con argucias politiqueras y seudo-legales obstruyen cualquier intento del gobierno para pacificar el país y erradicar el narcotráfico. De esa manera infame, participan de las migajas del ORO convirtiéndose en los más despreciables de toda esta cadena de despreciables.

SEDA: Los lujos extravagantes con los que exhiben su reciente riqueza estos nuevos ricos quienes, por no entenderlo, no llegan a entender la verdadera elegancia de lo sencillo.

SANGRE: Para representar esta, no es necesaria una alegoría porque, sangre y sangre en cantidad que impresionaría hasta a Drakul alias El Empalador, es la que derrama el pueblo - entendiéndose como pueblo los guerrilleros rasos, los soldados rasos, los paramilitares rasos, y los campesinos que labran la tierra - , todos ellos, carne de cañón de esta brutal estrategia comercial de los GRANDES CORRUPTOS MUNDIALES. Pero, también son de sangre las lágrimas que derraman los padres, hijos, esposos, hermanos y familiares de los miles de secuestrados que estos estremecedores criminales usan para conseguir más dinero o para presionar al gobierno para conseguir que se les reconozca como “insurgentes que luchan por la libertad de Colombia”. ¿Puede encontrarse una paradoja mayor que la de pretender luchar por la libertad quitándosela a quiénes pretenden liberar? Cuantas veces estos asesinos han matado a sus cautivos y, aun así continúan presionando a sus familiares por el pago del rescate o, cuando se hace evidente la muerte del secuestrado, exigen dinero para entregar el cadáver. ¿Se puede concebir una brutalidad mayor?

Y SOL…..porque, a pesar de todo, el sol está por todas partes en este país iluminado. Ese sol que hace que la naturaleza reverdezca a una velocidad casi imposible y que las flores aquí crezcan hasta en el asfalto, paradójicamente parece haber secado la sensibilidad de los colombianos puesto que, pase lo que pase, hagan lo que hagan la caterva de asesinos y corruptos de cualquier denominación, los niños siguen jugando y los adultos siguen riendo sin mostrar ningún signo de estupor, sin protestar, sin manifestarse.

LA FIESTA BRAVA EN TODO SU ESPLENDOR…: Así como a muchos nos cuesta entender cómo puede llamarse fiesta a esa sangría que se arma en las plazas de toros, a la inmensa mayoría nos resulta increíble que algunos alienados como aquel inefable decano de economía de una universidad belga, salgan a dar con gritos de orates sus aclamaciones de admiración por sus amados guerrilleros colombianos. Con seguridad, esa satisfacción que demuestran por la insania de estos, no es más que el gusto que sienten porque aquellos si son capaces de cometer los crímenes que ellos desearían llevar a cabo pero, que por su hipocresía y cobardía no pueden. Desde luego, igual de sorprendente resulta el apoyo y admiración que dicen sentir por los supuestos “salvadores del pueblo colombiano” los “intelectuales” de nuevo cuño en algunos países de Europa quienes, con sus panzas ahítas por el exceso de pitanza, mientras saborean una copita del mejor coñac, justifican sus absurdas posiciones con argumentos obsoletos, rebuscados y casi crípticos - muy parecidos a los que usan los comentaristas “taurófilos” de la radio -, cuando en realidad, debajo de su farsa no hay más que su gusto por la sangre derramada, siempre que sea ajena y lejana y ellos estén muy seguros en la tribuna de barrera numerada. También están, como no, - nunca faltan - los “vivales” que hacen de estas tragedias una forma de ganar dinero y notoriedad como los líderes de ciertas ONG quienes, con el pretexto de “favorecer las luchas por la libertad” van por ahí con aires moralistas pregonando mentiras que favorezcan a los asesinos de sus propios pueblos, pues estos, los asesinos, son, en el fondo, la razón de ser de su “profesión”.

Igual que ocurre con los taurinos, para estos admiradores de la violencia y la sangre no hay argumento por sólido y probado que sea, capaz de convencerlos del absurdo de su afición. Aunque se les demuestre que la violencia no puede ser arte como tampoco puede ser instrumento noble de reivindicación, ellos siguen en sus trece. En ellos, de manera patética se cumple el aforismo del budismo Zen que dice: “Cuando el dedo señala a la luna, el imbécil mira el dedo”.

Germán GUERRERO E
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viernes, 27 de noviembre de 2009

¿ES USTED DE IZQUIERDAS?


En las democracias, parece obligatorio definirse políticamente como perteneciente a las izquierdas o a las derechas. Claro que, puesto que hay libertad de expresión, por encima de lo que decidas sobre tu tendencia política, te definen los demás. Si gobierna la izquierda y tienes una opinión contraria a alguno de los actos del gobierno, inmediatamente te califican como de derechas. Y, al contrario, si el gobierno es de derechas y criticas alguna de sus acciones serás clasificado como de izquierdas. Pero esa es al fin y al cabo una calificación emitida por terceros y por tanto, puede ser aceptada o no; nunca es una definición que te obligue. La que cuenta y por la que en últimas serás contado en las votaciones y estadísticas es la que tú mismo te asignas.

Y ¿por qué nos definimos como de izquierdas o de derechas? A todos nos gusta pensar que, más allá de consideraciones sobre teorías económicas o filosóficas, nos definimos en una de las dos orientaciones políticas por razonamientos de orden eminentemente prácticos. Por ejemplo: somos de izquierdas porque pensamos que lo fundamental en un país debe ser la “justa distribución de la riqueza, la estabilidad en el empleo y la atención prioritaria a la seguridad social”, o somos de derechas porque para nosotros, lo fundamental es “ el orden social, la seguridad ciudadana, la protección de la propiedad y el estímulo a la libre empresa”. Pero bueno! No se llega a la seguridad en el empleo con la protección a la propiedad y el estímulo a la libre empresa?. Y no es la justa distribución de la riqueza la que garantiza la seguridad ciudadana? Y, una seguridad social robusta y eficiente no es lo mismo que orden social?. No les interesa por igual a izquierdas y a derechas un país seguro, rico, con educación de calidad gratuita y obligatoria, con pleno empleo y con salarios dignos?

Después de este muy breve análisis, no es evidente que las dos posiciones son en realidad lo mismo y que la diferencia está sólo en el lugar que ocupa cada objetivo en el discurso de los capitostes de la política?.

Se dirá que la historia demuestra que hay gobiernos de derecha y gobiernos de izquierda y que eso es una demostración palmaria de que las esas posiciones políticas existieron y existen. Bueno, pues no ha existido un gobierno más de derechas que el comunista (izquierda) de Stalin. Ni existirá un gobierno que reivindique con más énfasis los derechos de los pobres que el gobierno justicialista (derecha) de Juan Domingo Perón en la Argentina. Y hoy, el gobierno comunista (izquierda) de Cuba, ¿no es el más obsecuente protector y servidor de los capitalistas españoles del turismo en la isla? ¿No gobernó en España un inmenso político de izquierda que transformó el país y a quien se le atribuye la frase: “se buscan los votos con la izquierda pero se gobierna con la derecha” seguramente porque él sabe que lo de las posiciones políticas es solo un discurso? ¿No tendría razón el Maestro García Maquez cuando escribió hace tiempo en la revista Alternativa que “ definirse como de izquierda o de derecha es aceptar la hemiplejía mental”?

¿No será hora de que dejemos de etiquetarnos como géneros y que les exijamos a nuestros políticos que dejen de ponerse a si mismos marchamos impuestos por sus verdaderos manejadores, y que empecemos a votar solo a los que consideremos los más capaces y honestos para que gobiernen bien y dejen de tratarnos como al rebaño borreguil que los elige pero nunca los fiscaliza?

Lo que de verdad necesitan los países es tener gobernantes capaces y honestos y no seguir repitiendo la triste experiencia de elegir a personajillos quienes, lo único que tienen es la representación de su partido que, a la larga es solo un club para buscar beneficios personales a costa de todos.

Germàn GUERRERO E.

domingo, 22 de noviembre de 2009

QUIENES PROMUEVEN Y MANTIENEN LAS GUERRAS


Han pasado ya 23 años desde que, en Cangas de Narcéa (occidente de Asturias) un día de verano, después de comer y mientras tomábamos la copa con un par de amiguetes de estos que haces en los bares, conversábamos sobre nuestras andanzas y tierras que andando habíamos conocido. Cuando les hablaba de Colombia, uno de ellos para posar de conocedor, si no de los países por lo menos de sus características, me salió con una pregunta que me dejó sorprendido. Recuerdo que el chaval preguntó con aire de inocencia, como quien pregunta la hora: “¿es cierto que a Colombia la llaman la ciudad blanca por la cantidad de coca que produce?”. Como era una de esas preguntas que desnudan la estolidez y que por lo mismo no merecen una respuesta, preferí pasar a otros temas y propuse hablar del Sporting que por esos días aun nos emocionaba a todos. Desde luego, no dejó de chocarme que en España uno pudiese encontrar personas que ignorasen tanto sobre un país al punto de creer que es una ciudad y no un país, a pesar que hacía solo 170 años era todavía una provincia española de ultramar, país que llevó por mucho tiempo el nombre de Nueva Granada; donde está Cartagena, ciudad que a decir de todos es “la más bella ciudad española”, donde se ama tanto lo español, país en fin del que todo español debería saber algo como sabe, por decir lo menos de Filipinas. Pero bueno, no era cuestión de enfadarse, así que lo olvidé, con la seguridad de haberlo barrado para siempre. Pero no, no lo había olvidado. El recuerdo lo tenía latente y vine a darme cuenta al leer los periódicos virtuales de España que leo a diario para mantener el contacto con esa tierra de mis entretelas, que esa ignorancia vergonzosa sigue presente hoy como ayer. En una de esas lecturas encontré que un “investigador de asuntos sociales”, con argumentos más o menos bien hilvanados dice, – me imagino que sin rubor por que cree estar diciendo grandes verdades –, que ahora, los nuevos aspirantes a dictadores europeos, puesto que ya no pueden servirse de los ejércitos de sus países para someter a sus pueblos, están conformando ejércitos particulares los cuales arman y entrenan en países del tercer mundo y que, aquí viene la perla, en Colombia bajo la dirección “del terrateniente de derechas Álvaro Uribe” se tiene listo un enorme ejército suficientemente bien armado y entrenado para entrar en acción en el Viejo Continente. Leer esto me produjo la misma sensación de estupor que sentí cuando oí la pregunta de mi amigo de Cangas. Me hizo pensar de nuevo en la frase que dicen que dijo Albert Einstein: “Hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Sobre lo primero empiezo a tener dudas”.
Para decir exabruptos como los que dice el “investigador de asuntos sociales” hay que tener una ignorancia o una mala gaita infinitas. Creo que más de lo segundo que de lo primero porque, este tipo de personas, leen y buscan datos para tergiversarlos y poder montar historias truculentas que les den alguna notoriedad. Lo malo es que siempre encuentran gente de buena fe pero enternecedoramente incauta que, por su desinformación y pereza mental, creen con candidez camelos como estos.
Quien conozca algo de Colombia, bien sea por haber estado en el país o, al menos por haber leído algo serio sobre él, sabrá que se trata de un país inmenso (el doble del territorio español), con un desarrollo industrial y comercial sorprendente, con una gente laboriosa y alegre que, a pesar del gran desequilibrio social y de las miserias en que lo sume una guerra absurda, siempre encuentra motivos para reír y divertirse. Sabrá que en Colombia hay una guerrilla que hace muchos años nació por los atropellos que un ejército anacrónico le propinó a un campesino, quien por buscar venganza se armó rudimentariamente y armó algunos vecinos, todos lo cuales acabaron siendo una cuadrilla de bandoleros que asesinaba a todos los que les parecían “contrarios” a ellos. Estos campesinos cuadrilleros en los tempranos años 60, cuando la revolución cubana y la romántica figura del Che colonizaban las mentes de todos los progres que en mundo son, fueron concienzados por algunos de éstos para que abracen “la conquista del poder por las armas en nombre del pueblo” bajo consignas marxistas. Es fácil comprender que estos seres elementales y ya curtidos en el hábito de matar para lucrarse del crimen puedan ser conquistados con el argumento de que pueden convertir ese estilo de vida en un camino a la gloria de ser los “redentores de la patria”. Así nacen las FARC, quienes en sus comienzos gozaron de apoyo, no solo entre las clases campesinas y obreras sino entre la intelectualidad que veía en ellos el germen de una revolución que dignifique la vida de unas grandes mayorías miserables.
Pero fueron pasando los años y todos los pueblos del mundo empezaron a comprender que la quimera de la revolución era solo eso. A esa desilusión de los pueblos vino a sumarse la caída de la Unión Soviética, impulsora y mantenedora de las guerrillas en el mundo. Se vio entonces que los grupos que continuaban en las montañas intentando derrocar los regímenes de sus países no iban a conseguir nunca su objetivo y que, por otro lado, ya nadie, ni el pueblo ni ninguna potencia extranjera les daba su apoyo ni logístico ni económico. ¿Sería entonces el fin de esos grupos armados? Pues en el caso de Colombia, no. Y uno se pregunta, ¿porqué si no tienen apoyo del pueblo ni de nadie, pueden seguir en una lucha en la que ni ellos mismos creen? ¿Con qué dinero se mantienen y mantienen una guerra?
La respuesta es tan sencilla que parece un mal chiste que nadie la tenga clara. Los grupos guerrilleros de Colombia y los cualquier otro lugar del mundo siguen combatiendo porque se han convertido en idiotas útiles de los mercaderes y fabricantes de armas de Brasil, Sudáfrica, la antigua Checoslovaquia, Rusia, Bélgica, España y un muy largo y triste etcétera, quienes junto con los inmensos grupos económicos que se lucran del narcotráfico mundial, convierten a estos grupos en:

1. Cultivadores, convertidores, transportadores y comerciantes primarios de sustancias alucinógenas,

2. Compradores de armas, con los dineros obtenidos de este narcotráfico primario.

3. Mantenedores y bases de estos criminales comercios.

Por qué no hay guerrillas en Brasil o Sudáfrica, países con desigualdades sociales monumentales? Pues porque en esos países están unas muy grandes fábricas de armas con sus Juntas Directivas, sus departamentos de marketing, sus investigadores de mercados, sus CEOs, sus socios, en fin sus dueños y, no está bien “ensuciar su propia casa”

Otras preguntas que muchos nos hacemos pero que nadie responde de forma clara es: ¿a dónde van a parar en realidad los 700 mil millones de euros anuales que - según muchos analistas económicos - mueve el narcotráfico mundial? Porque no van a contarnos la increíble historia de que se lo quedan unos toscos delincuentes colombianos y unos elementales campesinos afganos. O, ¿Si combatir la fabricación es tan sencillo como cortar el suministro de los insumos químicos con los que se procesan los alucinógenos, por qué no se hace? O, por qué no se legalizan las drogas si se sabe que, eliminando las dificultades de fabricación y comercio, caerían los precios a niveles que harían poco atractivo ese infame negocio?
Parece obvio pensar que, ninguna de esas eficaces medidas se toman porque, existen grandes conglomerados económicos mundiales quienes, en sinergia con algunos gobiernos, mantienen y favorecen este estado de cosas para lucrarse inmensamente de él mientras mantienen la pantomima del “combate al narcotráfico” el cual, en realidad favorece el incremento de los precios.
Puesto que esto parece ser la realidad, ¿no es Colombia un país rehén de los verdaderos traficantes como lo son todos los países que mantienen esas guerras absurdas? ¿No son las juventudes del primer mundo con su consumo de drogas y su desgraciado deterioro, rehenes de los verdaderos traficantes?. ¿Cómo entonces, si no hay un genuino interés de los gobiernos en frenar esta desgracia, podrá la humanidad librarse se esos flagelos?.

Solo existe una solución y esta está en manos de los rehenes puesto que no puede estar en manos de sus captores: La solución es liberarse!. Todos los colombianos, guerrilleros, contraguerrilleros, ejército, pueblo en general, deben darse cuenta de que están siendo utilizados, de que son idiotas útiles de los traficantes y, hacer un acuerdo entre todos para no usar mas armas. Frenar la guerra y dedicarse entre todos a construir un país incluyente en el que quepan todos. Ya sin la necesidad de las armas y de la logística de la guerra, tampoco será perentorio tener una financiación para esa guerra. Entonces no será un problema dejar el cultivo, transformación y transporte de sustancias alucinógenas. Podrá entonces dejarse a un lado esa actividad y Colombia empezará a encontrar el camino del desarrollo.

Para que esto ocurra, será necesario que también Europa coopere y se silencien las voces de esos personajes de opereta como el decano de una facultad de economía de Bélgica que gusta de salir a “hacer el indio” dando histéricas voces de aliento a las guerrillas con argumentos anacrónicos. Será necesario que las juventudes europeas y norteamericanas comprendan que también ellos son solo “idiotas útiles” de los verdaderos narcotraficantes y que, puesto que si no hay consumo no hay mercado, dejen de consumir y destruyan así este infame comercio que es el verdadero MOTIVADOR, SOSTENEDOR, SUSTENTADOR y CULPABLE de tanta muerte, de tanto atraso, de tanta desgracia!!.

Germàn GUERRERO E.